Atención: este artículo contiene spoilers.

Con Fringe suben las apuestas cada temporada. La primera, tuvimos un refrito de The X-Files, con fantasmas y poderes cuasi-mágicos, y con un enigma (el ZFT) que nunca se terminó de resolver del todo y que además, a nadie le importó. En la segunda descubrimos la existencia de Over There y la verdad sobre Peter, y empezamos a emocionarnos un poquito más. En la tercera, profundizamos en el conocimiento de ese mundo paralelo, y descubrimos que ni la gente de Over There era tan mala ni la gente de Over Here tan buena. Todo salpicado de monstruos de la semana y calvos misteriosos haciendo apariciones fugaces. Y entonces llegó la cuarta temporada, y nos quedamos todos con la boca abierta.

La semana que viene tendremos el último episodio antes del parón de Navidad, y de ahí tendremos que esperar ni más ni menos que hasta el trece de enero para resolver el que sin duda será un cliffhanger de los buenos. Pero antes de las consabidas revelaciones pre-navideñas, nos gustaría especular un poco con lo que creemos que está pasando, porque si hay una regla en Fringe es que nada es lo que parece. Cuidado, porque a partir de aquí hay spoilers si no vas completa y totalmente al día.

En lo que llevamos de temporada está bastante claro lo que ha pasado, ¿no? Nuestra Olivia, nuestro Walter, nuestra Astrid y nuestro todo el mundo han olvidado a Peter, que tras mucho esfuerzo -o nada de esfuerzo, no tenemos ni idea de lo que ha pasado desde su punto de vista- ha conseguido materializarse en nuestro mundo. Tiene todo el sentido del mundo, pero quizá no sea lo que está pasando. ¿Y si el universo en el que nos estamos centrando no fuera el universo verde? Al fin y al cabo, la intro no es verde, sino ámbar, y las vidas de los personajes que conocemos y amamos no es, definitivamente, la que conocemos y amamos. Es muy parecida, sí, pero con sutiles diferencias.

El lector avispado levanta la mano en este momento y dice: "sí, pero es que cuando Peter se subió a la máquina, modificó la línea temporal". Claro que sí, y precisamente por eso, cabe la posibilidad de que en el momento en el que Peter se desvaneció se produjera una escisión del universo verde en la que Peter no había sobrevivido: el universo ámbar. La relación del universo rojo con ese universo ámbar quedaría poco clara. ¿Es el mismo universo rojo que conocemos, o éste es también una escisión independiente?

¿Dónde nos deja esto? Preguntándonos qué está pasando mientras tanto en el universo verde. Ahora que sabemos que hay un tercer (¿cuarto? ¿quinto?) universo, de donde vienen los shapeshifters humanos -conclusión necesaria después de ver a una shapeshifter comunicarse usando una Hermes 3000 en lugar de una IBM Selectric 251- cabe la posibilidad de que ese tercer universo sea, precisamente, el universo verde. Sabemos perfectamente que Walter no se andaría con chiquitas por recuperar a su hijo, y que tiene a su alcance tecnología shapeshifter de Walternativo con la que hacer un poco de ingeniería inversa y, ya que estamos, perfeccionarla. ¿Y si el objetivo final de los shapeshifters humanos no fuera otro que el de recuperar a Peter?

Claro que hay otras posibilidades. Por una parte, es perfectamente posible que todo este razonamiento sea correcto, solo que el universo de la Hermes 3000 es realmente otro universo completamente distinto del que aún no sabemos nada. Por otra, puede ser que realmente estemos Over Here, y que sea Peter el que no es realmente nuestro Peter, porque nuestro Peter realmente muriese en el lago Reiden. O lo que es más probable, que nada de esta especulación tenga ni pies ni cabeza, y que la respuesta sea algo que no hemos podido adivinar.

Lo que es más que probable es que, en última instancia, la respuesta esté más relacionada con el tiempo que con los universos paralelos. Es obvio que hay una cierta insistencia por parte de los guionistas por introducir ideas relacionadas con el tiempo. Ya vimos perturbaciones de la causalidad cuando Peter volvió a aparecer, y nuevamente en el último episodio emitido. Bucles temporales, tiempo perdido, tiempo congelado… Y lo que es más importante, ya nos han dejado muy claro que en este macroverso, una paradoja temporal no es un problema tan grave, y que un efecto precediendo a una causa no conduce al derrumbamiento de toda la realidad.

Lo que es seguro es que este próximo viernes, cuando se emita Wallflower, habrá revelaciones descabelladas, sorpresas alucinantes, el asesino era el mayordomo y, por supuesto, muchas más preguntas nuevas que respuestas. Al fin y al cabo, a eso es a lo que veníamos, ¿no? Mientras tanto, sólo nos queda especular, y como ya saben, queridos lectores, para eso están los comentarios.