La noche del domingo (en Argentina) no fue sencilla para los cientos de seguidores de Cuevana.tv. Hubo denuncia de hackeo con un video que lejos de ser amenazante, mueve a risa; como consecuencia de esto, la página dejó de funcionar y el hashtag #fuerzacuevana fue número uno en Twitter argentina.

Durante la madrugada del lunes se pensó que todo esto era una argucia para relanzar el servicio, con su respectivo #nuevoCuevana en la red social de pajarito.

Seguramente, los medios tradicionales, que se "preocuparon" por el hackeo, no deben estar muy contentos con la idea de una supuesta movida de marketing de Tomás Escobar y los suyos. (Y, dicho sea de paso, no a todos les gustó la remodelación, algún gracioso puso en Twitter: "con este nuevo diseño, ahora sí se merecen ir a la cárcel"; además las quejas sobre su mal funcionamiento atiborraron timelines durante toda la noche)

Todo este ruido se produce en un contexto muy difícil para la página argentina más polémica del momento, ya que trascendió que el canal de televisión Telefe estaría dispuesto a realizarle una denuncia penal por haber transmitido en directo su señal.

Actualización: Finalmente, la presentación judicial de la que hablaron los medios argentinos nunca existió.
Hace algunas horas el director de contenidos de Telefe, Francisco Marmol, por su parte, dijo que no existe dicha denuncia, aunque eso no significa que Cuevana no sea merecedora de recibirla. Pero que. en definitiva, el canal no hará el reclamo en los estrados con el que especularon infinidad de medios, ¿a raíz de una notificación informal que recibieron los abogados de Cuevana el jueves? Otro de los misterios de este extraño caso.

¿Podría haber servido este Cuevana offline del domingo a la noche como una jugada para presionar a los supuestos denunciantes judiciales mediante las redes sociales? El susto de cientos de usuarios motivó que #fuerzacuevana fuera número 1 en los Trending Topic de Twitter en Argentina y otros países, con muchos tweets que no eran más que un reparto a discreción de insultos para los "enemigos" de la página creada por el estudiante sanjuanino.

Amar y odiar a Cuevana

¿Qué esta pasando con un sitio que hasta hace muy poco era un secreto a voces y que de repente es protagonista de noticias en grandes medios y, fundamentalmente, de un debate que va más allá de los límites de sus propios problemas judiciales?

¿Saben lo que creo? Cuevana levantó mucho su perfil mediático. Y las consecuencias de esto, más tarde, más temprano, iban a caer en catarata. Recuerdo una escena de "The GoodFellas" cuando los matones ascienden y comienzan a encontrarse con el billete grande; por lo tanto, cambian su estilo de vida. Lo primero que hace el Don, es reprenderlos por llamar tanto la atención con sus Ferraris nuevos y los obliga a quitarles esos gruesos tapados de pieles a sus esposas.

No digo que los chicos de Cuevana sean mafiosos, ni mucho menos, pero que el raid mediático de Escobar los puso en un lugar por el que ya pasaron los hermanos Botbol, propietarios de Taringa actualmente procesados en la justicia argentina. Todos ellos dieron decenas de notas en medios importantes como la revista Rolling Stone y los diarios de mayor circulación en Argentina. Y los ojos del mercado se posó sobre ellos. Se convirtieron en bandera de una práctica cuestionadísima en internet: la de valerse de servidores externos como Radipshare o Megaupload, para permitir "compartir" o "piratear" (leerlo según sus convicciones) cientos de obras artísticas y soft. Taringa y Cuevana con tanta exposición parecen ser los únicos, cuando apenas son los más populares y mediáticos en el rubro.

Pero aquí hay un gran problema de fondo. El dilema ético de lucrar con contenidos que no les pertenecen. Tomar el trabajo de otros, ponerlos en una página y hacer dinero con todo eso, sin tener autorización, excede cualquier debate sobre “compartir” obras o la problemática de “derechos de autor”.

Y en el caso de Cuevana, el pico de popularidad del sitio (una audiencia de 12 millones de usuarios únicos mensuales) sucede justo cuando arriban al mercado local los mayores players del video a demanda, ya que este año desembarcaron en ese país Telefónica, con OnVideo; Telecom, con Arnet Play; y Claro, con Ideas Entretenimiento. También, Netflix. Y por supuesto, ninguno de estos puede dar lo que Cuevana, al precio de la nada, ya que todos estos servicios "en blanco" contemplan en su unidad de negocios a los creadores de los contenidos.

Piratería vs. "compartir enlances". Buen servicio vs. sistemas de cable y video a demanda con pocos y títulos, y estrenos regionales muy desfasados. Derechos de autor protegidos vs. robo. Y siempre, la eterna discusión de la vigilancia de lo que se puede hacer y lo que no en internet. Hay muchas razones para amar y odiar a Cuevana. Si es legal o no, deberá ser determinación de la Justicia, pero basada en una legislación adaptada a los tiempos que corren...

Como sucedió alguna vez con Napster, las opciones similares se reproducen a una velocidad que la industria y las leyes no entienden (pero insisto con que no se puede poner en la misma bolsa a aquel que quiere compartir su música o sus videos con aquellos que lucran con contenidos de terceros). Los "adalides de los derechos de autor" deben saber que, a veces, destruyendo un servicio, no hacen más que multiplicarlo.

Actualización:

A través de diario La Nación, hace algunas horas, Tomás Escobar dijo que "realmente existió" un hackeo del sitio, y que eso lo obligó a adelantar el relanzamiento de la página. Igualmente, el matutino argentino describe el caso como "supuesto ataque" en su portal online. Las dudas siguen, ya que -hasta el momento- tanto en su twitter oficial, @cuevana, como en la misma cuevana.tv no se ha hecho ninguna mención ni ningún comentario sobre el incidente.