Hoy en día estamos acostumbrados a ver gente que trabaja en el tren con sus ordenadores portátiles o tranquilamente en un parque, la verdad es que los portátiles que hoy manejamos llevan al máximo exponente el significado de la palabra portátil porque son equipos ligeros, de gran autonomía y que podemos llevar a cualquier parte, encenderlos y trabajar. Sin embargo, hace unos años los portátiles eran equipos portables que permitían poder llevar la oficina a cualquier lugar pero no eran nada ligeros ni tampoco de un tamaño manejable. No hace mucho recordamos al Osborne I, el primer portátil de la historia que, además, marcó tendencias e hizo que otros fabricantes lanzaran modelos similares como Commodore, que presentó en enero de 1983 el Commodore SX-64 "Executive".

A principios de los años 80, básicamente, había dos modelos de portátiles en el mercado (si atendemos a la forma), unos eran los que eran parecidos al Osborne, equipos muy potentes para trabajar en un escritorio (con cierta movilidad) y, por otro lado, los antecesores de los netbooks, como el Epson HX-20, equipos muy ligeros pero con prestaciones algo más limitadas. Commodore había lanzado al mercado el mítico Commodore 64, en el mes de agosto de 1982, sin embargo, la popularidad del Osborne I y, posteriormente, el lanzamiento de un modelo portátil de Compaq, les hizo poner en el foco en este tipo de dispositivos que estaban totalmente orientados al segmento profesional. El Commodore 64 se vendía francamente bien y la compañía pensó que podían trasladar este éxito al incipiente mercado de los portátiles con un dispositivo que permitiese la movilidad y ofreciese las prestaciones y la compatibilidad con el Commodore 64.

El Commodore SX-64 fue el primer portátil en lanzarse al mercado con una pantalla a color, un detalle que, sumado a que era un equipo de Commodore, hizo que fuese uno de los equipos más deseados por los usuarios de la época.

Si tenemos en cuenta que fue lanzado al mercado un año después de su presentación, es decir, en enero de 1984, el SX-64 tenía un precio de 995 dólares de la época (unos 715 euros), incluía una CPU MOS 6510 a 1 MHz (concretamente a 1,02 MHz en la versión NTSC y a 0,985 MHz en la versión PAL), 64 K de memoria RAM, 3 canales de audio, una unidad de disco de 5,25" de 170 K, una pantalla integrada de 5 pulgadas de 40 x 25 caracteres y una resolución de 320 x 200 píxeles a 16 colores. Además, el Commodore SX-64 incluía un puerto S-vídeo y otro de vídeo compuesto además de 2 joysticks para juegos, un puerto para cartuchos e incluía como sistema operativo el Commodore BASIC (incluido en ROM).

Con estas características, Commodore esperaba despuntar en el mercado pero los casi 11 kilogramos de peso del SX-64, sobre todo, por la compatibilidad existente entre el modelo de escritorio y la posibilidad de ejecutar programas de manera indistinta en ambos equipos. Precisamente, con la compatibilidad, comenzaron a llegar los primeros problemas del SX-64 ya que éste carecía de una unidad de cintas ni tampoco incluía un puerto para conectar una unidad externa y, en esa época, era normal tener almacenados datos y programas en cintas. Por otro lado, la pantalla de 5 pulgadas era extremadamente pequeña para jugar o trabajar de manera continuada y tampoco se pensó, durante la fase de diseño, en incluir un puerto para conectar un monitor externo.

En términos generales, si tenemos en cuenta que hablamos de 1984, el Commodore SX-64 cumplía a la perfección su función de dotar a los ejecutivos de la época con una computadora de 8 bits que les permitiese estar delante de una oficina 100% portátil, si bien el equipo no tenía baterías y siempre necesitaba estar enchufado a la red eléctrica.

A pesar de todo, el portátil no se vendió todo lo bien que la compañía esperaba para un equipo de estas características y aunque anunció un nuevo modelo, el Commodore SX-100 (con pantalla monocromo y algo más barato), al final, no llegó a ponerlo a la venta. Del SX-64, durante los 2 años que estuvo a la venta, se llegaron a vender unas 85.000 unidades que, a día de hoy, son un preciado objeto de colección.

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