Esta mañana hemos asistido a la presentación, por fin, de los teléfonos de Nokia equipados con Microsoft Windows Phone, después de que ambas compañías cerrasen un acuerdo el pasado febrero mediante el cual la finlandesa pasaba a equipar sus terminales de alta gama con el sistema operativo de los de Redmond y estos obtenían a cambio la estabilidad, la fiabilidad y el buen hacer en cuestiones de hardware de la otra compañía. En términos teóricos al menos, la unión parecía una jugada redonda por ambas partes, a Nokia le fallaba el software (y de qué manera) y Microsoft estaba buscando un buen hardware en el que poner el nido, parecían estar llamados el uno al otro como dos piezas de un mismo puzzle.

Sin embargo, la alianza entre ambas compañías era importante por un motivo bastante más serio, las dos tienen mucho que ganar, pero también mucho que perder. Por un lado, Microsoft entró tarde al baile de los sistemas operativos móviles y con iOS y Android dominando la pista, estaba claro que le hacía falta una buena compañera para mover las caderas como Dios manda y estar a la altura en un mercado tan competivo. Por otro lado, Nokia es como el rey orgulloso otrora grandioso y magnificente que en los últimos años había visto su imperio irse a pique rápidamente y buscaba un buen bastón donde apoyarse para que el impacto contra el suelo no fuera morrocotudo. Dejando a un lado a Microsoft que de nuevo supo realizar una unión que les beneficiaba principalmente a ellos, me gustaría dedicar el resto del post a Nokia ¿Ha sido lo de hoy el resurgir del Ave Fénix? ¿O ha sido la estocada definitiva?

Pues lo cierto y verdad, es que aún esperando a que lleguen las primeras pruebas y podamos analizar uno en condiciones, los nuevos Nokia Lumia 800 y Nokia Lumia 710 son a primera vista ese soplo de aire fresco que la finlandesa venía necesitando desde hace ya mucho tiempo. No son la solución defitinitiva a todos sus problemas, pero si son una grata sorpresa y un fuerte paliativo que les puede beneficiar bastante. Una de las cosas que más me llama la atención, por primera vez y con la honrosa excepción del N8 y similares como el E7, es que Nokia ha hecho unos teléfonos tremendamente bonitos, coloridos, bien diseñados y elegantes, parece mentira para todos aquellos que habíamos perdido la fe desde aquella monstruosidad horrenda llamada Nokia N95 (y de esto hace ya cuatro años).

Lo segundo es que los precios, sin subvenciones ni impuestos añadidos, son de órdago, 420€ para el Lumia 800 y 270€ para el Lumia 710 (bueno, vale, los nombre no son bonitos). Si comparamos las prestaciones por ejemplo del 710: 1.4 GHz, 512 RAM, 5 Mpx de cámara, grabación a 720p... nos encontramos con que los equivalentes en Android valen una media de 300€ por encima tirando para lo bajo, y encima con un rendimiento peor. Es una maniobra muy bien ejecutada y muy sabia, porque precisamente donde más daño le pueden hacer a Android es justamente en el precio, que cada vez más empieza a posicionarse con smartphones de bajo coste, antes que plantar cara al iPhone que se mueve en órbitas de precio mucho más elevadas.

Así que ya hay dos competidores en el terreno de los teléfonos más asequibles y estoy convencido de que a Google y fabricantes no les ha hecho demasiada gracia, eso sin contar que con un precio de partida así las operadoras van a disfrutar a lo grande haciendo subvenciones para estos terminales, barriendo también para su propio terreno, por supuesto.

En otro orden, el Lumia 800 se perfila como el siguiente teléfono estandarte de la compañía y de hacerlo estoy seguro de que por lo menos va a dar la talla, tiene unas especificaciones de hardware muy buenas y por lo que he podido probar de Windows Phone Mango es un sistema que da la talla y va más allá incluso en algunos aspectos.

En el fondo el Lumia 800 es un N9 con Windows Phone, una apuesta también muy sabia si tenemos en cuenta que es un teléfono precioso con un sistema operativo, MeeGo, que apenas va a tener soporte ni va a recibir cariño por parte de los desarrolladores.

Todavía no sé si lo que hemos visto hoy es el resurgir del Ave Fénix o no, el tiempo lo dirá, pero caramba, Nokia, tengo que quitarme el sombrero porque por primera vez en un buen tiempo pareces haber dado el paso en la dirección adecuada, y lo has hecho a lo grande. Ahora, y por pedir que no quede, lo que te hace falta es dejar de intentar apuntar a todo y centrarte en lo que tienes, cuida mucho a estos nuevos teléfonos y mímalos, no sólo prometen mucho, es que probablemente sean la clave para poner a flote a toda la compañía. Las cartas de la baraja parece que por una vez te favorecen, es hora de que las jueges con pericia, y de que las juegues ya.