The Wedding of River Song puso fin a la sexta temporada de Doctor Who. Una temporada que confirma a Steven Moffat como el gran arquitecto de historias que todos sabíamos que era y, tal vez, como la única persona, hoy por hoy, capaz de hacerse cargo de la serie. Ahora toca esperar hasta el especial de Navidad para disfrutar de la TARDIS y Matt Smith haciendo de las suyas. ¿Podremos soportarlo?

El capítulo final congregó a más de seis millones de telespectadores ante el televisor. Una cifra nada desdeñale para un capítulo que, siendo sincera, resultó decepcionante.

Tick tock goes the clock in all the years they fly,
Tick Tock and all too soon your love will surely die
Tick Tock Goes the clock, He cradled and he rocked her
Tick Tock Goes the Clock, Til River kills The Doctor

Moffat es un creador con una imaginación desbordante, oscura y compleja. Le gustan los puzzles y las tramas cruzadas, y juega, con maestría, con el tiemp. Aunque a veces, ciertas historias, hay que cogerlas con pinzas y aceptar la premisa sin ser exigentes. Moffat no es Russell T. Davies, el anterior mandamás de Doctor Who, y es una lástima porque como fan, echo en falta la emoción, el dramatismo y la pasión con la que Davies cerraba las temporadas de la serie. Algo que Moffat, este año, no ha sabido calibrar bien. El final ha sido un tanto inconsistente y vacío. En cambio el final de la quinta temporada fue ES-PEC-TA-CU-LAR; pero la sexta ha fallado a la hora de resolver los múltiples frentes temáticos abiertos.

La serialización de Doctor Who es obra de Moffat y aunque disfruto con sus puzzles, sus pistas, sus saltos en el tiempo y aterradores monstruos; también soy consciente de que crea demasiadas expectativas, de que juega siempre sobre seguro, de que repite esquemas una y otra vez, de que se aturulla de cuando en cuando y de que, por desgracia, hay misterios que una vez resueltos no son para tanto.

Ojo que se aproximan Spoilers

The Wedding of River Song parte de una buena idea, la confluencia en un solo minuto del todo temporal. Así que vemos a Churchill y los romanos, pterodáctilos y ordenadores, pirámides convertidas en el área 52 y un Doctor en toga y con barba explicando que el tiempo se desintegra por culpa de una mujer con zapatos de tacón de aguja. River Song tiene la culpa de que el tiempo se haya vuelto loco. No cumplió con su misión, no mató al Doctor en el lago del Silencio. Ahora el debe convencerla de que debe cumplir con su destino ya que su muerte es un punto fijo en el flujo temporal. Debe suceder y por mucho que River lo ame, el Doctor debe morir.

El capítulo no tiene sangre en las venas, se dedica a volver, una y otra vez al mismo punto. Hay discusiones, miradas, sonrisas, un beso y una boda (la segunda de la familia Pond) pero falta la emoción que vivimos con los finales made in Davies o cuando la Pandorica hizo acto de presencia. Y eso me molesta, no digo que fuese un mal capítulo, simplemente no cumplió lo que prometía y, por si fuera poco, sigue planteando misterios de cara a la séptima temporada, que empiezan a resultar cansinos. La pregunta que se esconde a plena luz, la primera pregunta que provocará la caída del silencio. La dichosa pregunta que aún no ha sido pronunciada y que, con toda la expectación que ha surgido en torno a ella, tiene todas las papeletas para decepcionar el día que Moffat decida jugar esa carta.

El gran villano de la temporada, el Silencio, nos deja una retahíla de imágenes para el recuerdo. Esos parches en los ojos, los monjes sin cabeza, los aliens trajeados, las marcas en los brazos y la seguridad de que el universo entero parece estar volviéndose contra el Doctor. Varias son las razas que quieren acabar con él. La Pandorica era una muestra clara de que para muchos, el Señor del Tiempo, no es un héroe sino una amenaza que debe ser erradicada.

En la era Moffat hay una máxima que marca mucho este último capítulo, lo importante no es la historia sino como contamos la historia. Y en Doctor Who saben contar historias como nadie. Este segundo tramo de la temporada ha tenido episodios con tramas muy buenas como The Girl Who Waited que me hizo llorar ya que su final es realmente devastador, sobre todo para el pobre Rory. The God Complex que jugaba con los personajes atrapados en un laberíntico hotel enfrentados a sus terrores o el divertido Closing Time en el que el Doctor visita a un antiguo conocido para toparse de nuevo con los temibles Cybermen.

Matt Smith por fin está perfecto dentro de la piel del viejo Señor del tiempo. Ya no sólo brilla en las partes cómicas sino que su mirada y su gesto se ha cargado de dramatismo y seriedad para los momentos más duros e introspectivos del personaje. Este año se ha tratado mucho el tema de como afecta a los acompañantes humanos viajar en la TARDIS con el Doctor.

Los Pond, Amy y Rory, han compartido grandes momentos con él pero también han pasado por experiencias muy traumáticas siendo la peor de ellas, el secuestro de su pequeña Melody, futura River Song, a la que – a pesar de las licencias de Let's Kill Hitler – no han visto crecer. Esa tristeza, ese dolor, esa rabia contenida estalla en Amy cuando deja morir a Madame Kovarian, la mujer que le arrebató a su bebé. Pero no sólo han perdido una hija al compartir viajes con el Doctah, ¿cuántas veces ha muerto Rory? ¿cuánto ha esperado Amy? La influencia del viajero del tiempo en sus vidas es enorme y no siempre para bien. Un pensamiento al que el Doctor le estuvo dando vueltas toda esta temporada, llegando a dejar atrás a sus dos acompañantes, para salvarlos. Él sabe que su destino es viajar sólo pero su parte egoísta e infantil necesita tener a alguien al lado a quien impresionar. Su complejo de Dios debe ser combatido con la inocencia de seres que no han vivido ni la quinta parte de sus experiencias. El Doctor es como el fuego, brillante, atrayente pero peligroso e incontrolable.

River Song, ese enorme, divertido, sensual, chispeante, atrayente, fuerte, sorprendente, ambiguo, dulce y genial personaje que Steven Moffat presentó en la cuarta temporada y que ha ido creciendo. Su misterio, su resolución, su historia es brillante. De lo mejorcito de Moffat y lo mejor de este año. El misterio de River, su relación con el Doctor, quien es, por qué está en la cárcel, como es que sabe el nombre del Doctor, su diario de la TARDIS... todo tiene respuesta y aunque hay un par de flecos por cortar, en general, es una de las tramas más redondas de la serie. No obstante ¿qué pasa ahora con ella? ¿Seguiremos disfrutando de ella durante la séptima temporada? ¿Estará allí cuando caiga el silencio? ¿Veremos el momento en el que recibe su destornillador sónico¿ ¿La veremos partir hacia la biblioteca?

Fue un bonito detalle hacer mención al Brigadies Lethbridge-Stewart, uno de los personajes más clásicos y queridos por los whovians. Un homenaje muy tierno al actor Nicholas Courtney que falleció este año. ¿Tendremos despedida para Sarah Jane? Seguro que el próximo año si, al menos un detalle para despedir a la companion por excelencia.

Ojo al dato

En el 2013 la BBC celebrará el 50 aniversario de la serie, un aniversario empañado por la crisis económica que atraviesa la cadena y que ha obligado a cancelar el Doctor Who Confidential.

Para aquellos que vivís en España y sintáis la imperiosa necesidad de ver a Matt Smith, que sepáis que estará en el Festival de Series que se celebra en Madrid a finales del mes de octubre.

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