Dodecaedro invisibilidad

Hacer que un objeto sea invisible es un anhelo que hemos visto reflejado en muchas investigaciones e incluso en la literatura, por ejemplo, en El Hombre Invisible de H.G. Wells. El término invisibilidad, realmente, es bastante amplio puesto que abarca tanto la visión al ojo humano como a otras frecuencias del espectro electromagnético, como la frecuencia del radar o los infrarrojos, para los que se han desarrollado tanques o aviones invisibles a estas medidas de vigilancia electrónica, pero si nos centramos en lo perceptible por el ojo humano, hasta ahora, los científicos han estado trabajando en teorías y prototipos muy costosos que no permitían avanzar en busca de sistemas que pudiesen ser explotados comercialmente. Sin embargo, un equipo de investigación de la Universidad de Kaiserslautern en Alemania ha publicado un artículo con un sistema que, a largo plazo, podría ser el origen de un sistema de invisibilidad versátil y de un coste reducido.

Hasta ahora, los intentos por construir capas de invisibilidad se topaban con el gran impedimento de que no era posible desarrollar un sistema que valiese para cualquier objeto puesto que la curvatura o los pliegues influían en el funcionamiento. De hecho, todos los sistemas estaban realizados, expresamente, para cubrir un sistema concreto. Para Oliver Paul, responsable del equipo de la Universidad de Kaiserslautern, el problema estaba en el planteamiento seguido puesto que tratar de cubrirlo todo con un único material es imposible cuando, realmente, se puede partir de una unidad mínima e ir ensamblando piezas para obtener un sistema mayor.

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Y, básicamente, esa es la idea que han estado desarrollando: trabajar en una especie de celda de invisibilidad que funcione, sus costes de fabricación sean asumibles y, a partir de ahí, unir estas celdas para crear un sistema de mayor envergadura. ¿Celdas? ¿De qué tamaño? Según Paul, del menor tamaño posible y, según los cálculos realizados, con una forma dodecaédrica para una mejor adaptación, si bien las uniones pueden ser una fuente de problemas y, buscando una mejor unión, han propuesto la forma dodecaédrica. Otra de las cuestiones que se plantea este modelo, con respecto a la unión entre celdas, es la flexibilidad de estas uniones que deberían dotar al material con la capacidad de adaptarse a cualquier superficie y hacer que éste, en cuanto a elasticidad, se comporte como un manto, eso sí, invisible.

De todas formas, el estudio de Paul y sus compañeros es, precisamente, un estudio y, como tal, sigue estando muy cercano a la teoría y lejano de una implementación real, si bien es cierto que parece ser un pequeño paso que permita que este tipo de tecnologías salgan del papel y los cálculos teóricos para transformarse en proyectos reales de ingeniería que busquen el diseño y fabricación de prototipos.