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Si digo que Amazon es una empresa que ha sabido adaptarse a nuevos modelos de negocio sin perder un ápice de su espíritu, probablemente, no esté diciendo nada nuevo. La visión de Amazon sobre la venta de libros es digna de estudio, no sólo por los acuerdos editoriales o su cadena de distribución, sino porque saben ir un paso por delante del resto de libreros y han sabido, como nadie, enfocar el negocio del libro electrónico. En esta ocasión han firmado un acuerdo con 11.000 bibliotecas de Estados Unidos para poner en marcha un servicio de préstamos de libros electrónicos a través del Kindle, es decir, emular el acto natural de retirar un libro de una biblioteca pública durante quince días pero trasladado al mundo del e-book.

La idea es que el usuario se conecte a la web de su biblioteca pública y si ésta utiliza los servicios de OverDrive (una plataforma, precisamente, de E-Books), conectarse a Amazon para descargarse el libro en el Kindle durante el tiempo de préstamo (que puede ser renovable y que, si el usuario lo desea, puede desembocar en la compra del libro manteniendo todas las anotaciones realizadas). Es decir que, gracias a este nuevo servicio, los usuarios podrán retirar libros sin tener que pisar la biblioteca y leerlos en su Kindle. Creo que este acuerdo de Amazon es un importante paso para el libro electrónico porque pone de manifiesto el hecho de que el libro es algo más que el papel, puesto que lo que importa realmente son los contenidos.

Amazon, precisamente, no es una novata en estos asuntos y lleva ya tiempo sorprendiéndonos con movimientos similares que reafirman este hecho. La pasada Navidad, Amazon comenzó a permitir (en Estados Unidos) que los usuarios pudiesen prestarse libros electrónicos, algo de lo más natural cuando el libro está impreso pero que, cuando hablamos de un libro electrónico, parece rozar (para algunos puristas) el sacrilegio y la piratería. Comprar un libro es, al fin y al cabo, adquirir derechos de acceso a unos contenidos, el formato más que un impedimento debería ser una ventaja a explotar y eso es lo que Amazon está haciendo.

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De hecho, creo que lo ha demostrado muy bien con los libros de texto. Salvo libros de referencia, algunos libros de texto acaban en un desván o en una estantería de la que apenas se mueven pero, en su tiempo, tuvimos que adquirirlos para cursar nuestros estudios. Creo que todos hemos tenido libros que, tras aprobar la asignatura, no hemos vuelto a tocar y, sin embargo, tuvimos que pagarlos para tenerlos "de por vida". El libro electrónico, realmente, no se degrada ni se estropea (únicamente puede quedarse desfasado) y aquí Amazon vio otra línea de negocio al alquilar los libros de texto en formato electrónico, de modo que se adquieren derechos de acceso durante la vigencia del préstamo y, luego, o bien renovamos o dejamos de tener acceso al libro pero, mientras dure, podemos usarlo a un precio mucho más bajo que comprarlo.

¿Y a dónde quiero ir a parar? Pues creo que el E-Book podría ser un gran aliado de las editoriales y no el enemigo que muchas piensan que es. Pagar por acceder a contenidos (libros de texto, novelas, revistas, etc) tendría que ser el modelo de negocio al que deberían tender más que a centrarse en el soporte físico. En el caso de la región en la que vivo, donde el gobierno regional paga los libros de texto de los alumnos de los colegios y éstos se heredan de un año a otro; el alumno que pasa por un libro que lleva 3 cursos académicos de uso, posiblemente, se encuentre ante un libro muy deteriorado y, a lo mejor, desfasado. Sin embargo, adquiriendo derechos de acceso a contenidos, el libro nunca se estropea y, además, podría accederse rápidamente a actualizaciones o correcciones.

Poder acceder a los libros de nuestra biblioteca más cercana desde el Kindle y sin tener que desplazarnos físicamente es todo un acierto, la única pega es que tan sólo esté disponible en Estados Unidos porque, realmente, es una idea magnífica.