El cáncer, conjunto de enfermedades en las cuales el organismo produce células malignas sin orden ni concierto, mata y mata mucho. Se calcula que solamente en España se diagnostican cerca de 162.000 nuevos casos de cáncer al año y que a nivel global la enfermedad se llevará entre 2005 y 2015 a unos 84 millones de personas. Lo peor es que aunque cada vez sabemos un poco más del cáncer --anteayer mismo mi compañero Miguel se hacia eco de una investigación gracias a la que se ha descubierto cómo se propagan las células cancerígenas-- todavía nos falta mucho camino por recorrer ya que entre otras cosas no hemos conseguido ninguna solución definitiva.

De momento nuestra arma más efectiva contra los diferentes tipos de cáncer es la de la detención temprana de la enfermedad, algo vital porque cuanto más tiempo transcurre más poderosa se hace dentro del paciente hasta que llega un punto en el que los tratamientos conocidos se vuelven ineficaces (un 90% de las muertes asociadas al cáncer se producen tras haberse iniciado la metástasis en el enfermo). Es por esto que gran parte de los esfuerzos de la comunidad científica se vienen centrando desde hace largo tiempo en encontrar métodos eficaces para el diagnóstico temprano del cáncer, pero desgraciadamente a día de hoy en este campo también faltan varios escollos por superar siendo dos los principales problemas:

  • Hay determinados tipos de cáncer para los que simplemente todavía no existe ningún sistema de detección precoz eficaz. Por ejemplo tenemos el de pulmón, el cual solamente es diagnosticado antes de que la enfermedad se propague a otros órganos en un 15% de los casos.

  • Otros métodos de diagnóstico, como el análisis de sangre oculta en las heces o la biopsia, bien son poco eficaces en la detección temprana de varios tipos de cáncer, bien muy intrusivos y caros o bien una combinación de las tres cosas.

Necesitamos pues dar con alguna solución que permita diagnosticar cualquier tipo de cáncer en sus primeros estadios de desarrollo, no sea cara y genere el menor impacto posible en los enfermos. Sin duda todo un reto que la ciencia parece estar cerca de revolver gracias a... el olfato de los perros y el aroma del cáncer.

Todo arranca en 1989 cuando el doctor Williams H teorizó en su artículo Sniffer dogs in the melanoma clinic? sobre la posibilidad de que el cáncer tuviera olor y este pudiera ser detectado por los perros. Como era de esperar de aquella no se le tomó muy en cuenta y en la siguiente década, salvo algún artículo esporádico, poco más se habló del tema. Hasta 2004, año en el que un equipo de investigadores de Inglaterra publicó un revelador estudio basado en un experimento que respaldaba, hasta cierto punto, las teorías de Williams (que a su vez estaban basadas en un caso real donde una mujer decidió consultar a su médico luego de que su perro mostrara una actitud casi obsesiva por un pequeño lunar que tenía en la piel y finalmente resultó ser un melanoma maligno).

Concretamente el experimento consistió en recoger muestras de orina de 36 pacientes enfermos de cáncer de vejiga y 108 muestras de control de personas sanas y afectadas por otras enfermedades. Posteriormente un grupo de seis perros entrenados durante siete meses realizaron nueve tests separados cada uno que consistían en ofrecerle a cada can siete muestras de orina, entre las que solamente una pertenecía a una persona con cáncer, para que las olieran y ver si distinguían las muestras de los pacientes enfermos de cáncer entre el resto. Los resultados sorprendieron: en términos generales los perros detectaron la muestra del cáncer en 22 de 54 ocasiones, lo que significaba una tasa de éxito del 41% frente al 14% que se esperaba. Es decir, que se había demostrado experimentalmente que los perros podían detectar el cáncer gracias a su olfato con un éxito superior al que se esperaría por la pura casualidad.

Por otro lado aunque la tasa de éxito del estudio se salía de lo casual seguía sin ser suficiente para asegurar al 100% que los tumores malignos desprenden ciertas sustancias características capaces de ser captadas por el olfato de un perro. Lo interesante es que a ese estudio le siguieron varios más destacando especialmente uno publicado en diciembre de 2010 por sus rotundos resultados.

El mismo fue desarrollado por un grupo de científicos japoneses quienes utilizaron una metodología similar a del experimento anterior. Durante varios meses un perro labrador especialmente adiestrado realizó pruebas de olfato consistentes en oler muestras de aliento y heces pertenecientes a 48 personas con cáncer de intestino, entre ellos varios que casi no habían desarrollado la enfermedad, y 258 de gente sin la enfermedad, que tuvieron cáncer en el pasado o que tenían pólipos de intestino. Como adelantaba aquí los resultados si que fueron contundentes: el perro detectó las muestras de los enfermos de cáncer en 33 de los 36 tests de aliento y en 37 de los 38 tests con heces, lo que en general supone una tasa de precisión del 95% para las muestras de aliento y de un 98% para las muestras de heces.

La conclusión, si sumamos estos dos experimentos más el resto que se han realizado utilizando muestras de enfermos de cáncer de piel, mama o pulmón con resultados similares, es que efectivamente el cáncer tiene olor --los científicos lo llaman compuestos orgánicos volátiles-- y los perros pueden detectarlo incluso cuando la enfermedad no ha evolucionado mucho.

Lógicamente todavía hay que continuar investigando pero los resultados iniciales prometen mucho. El siguiente paso es lograr identificar exactamente a qué huele cada tipo de cáncer, momento en el que se podrá construir una máquina capaz de identificar y clasificar los diferentes compuestos orgánicos volátiles de los diferentes tipos de cáncer existentes, o dicho de otra forma estaríamos ante la primera máquina que permitiría diagnosticar cualquier tipo de cáncer en sus primeros estadios de desarrollo de forma barata y sin causar ningún daño a los enfermos, justamente lo que necesitamos.