La Nintendo 3DS es una de las consolas portátiles más incomprendidas de los últimos años. Y por incomprendida quiero decir que, pese a que ofrece una innovación interesante, su respuesta en ventas va en picado. Después de un inicio alentador, se terminó la fiebre y llegó la caída, al grado de que Nintendo tuvo que replantear el precio para atraer a los consumidores. El rechazo no sólo viene del lado de los compradores, sino que también son numerosos los proyectos cancelados por los desarrolladores en vista el fracaso del dispositivo.

Hace un par de días, Elías se preguntaba si la caída de la Nintendo 3DS obedecía al buen paso de los smartphones como consolas o si era la poca aceptación de la gente hacia la tecnología en 3D. Aunque yo opto más por la segunda, considero que tienen mucho que ver con la estrategia comercial que han adoptado. El problema radica en que el cliente no asocia los beneficios que tiene con respecto al precio que paga. Es decir, ¿para qué me compro una consola portátil cara si un teléfono me ofrece lo mismo por menos dinero? ¿Para qué voy a a adquirir una tecnología novedosa si no encuentro ganancias --y encima, pago más--?

La ventaja es que Nintendo ya ha detectado en dónde se equivoco. Lo malo es que está tomando una aproximación incorrecta para solucionarlo. Se han ido por lo obvio: bajar los precios. Y es que, con sólo 700 mil unidades vendidas en los últimos tres meses, todo pintaba para un naufragio. Así, han cortado la consola casi a la mitad del precio, con la esperanza de que los nuevos consumidores la vean mucho más barata y se animen a apostar por los juegos en 3D. Error.

El fallo está en que han solucionado sólo el síntoma. La asociación de alto costo permanece porque no se mira la utilidad, la innovación en la dinámica de juego, el extra de tener una 3DS. Sin muchos títulos atractivos --más que los de siempre-- la consola tienen pocas oportunidades en el mercado a pesar de las rebajas. Si acaso, han conseguido enfadar a los que compraron al inicio, quienes se preguntar por qué desembolsaron una fuerte inversión que, al día, está a la mitad de su valor. Con este antecedente, la caída de 20% en las acciones a mi me pareció hasta reservada.

De poco sirve que Nintendo llame "embajadores" a los jugadores que adquirieron al inicio, o que les ofrezca títulos exclusivos de NES y GBA para mantenerlos calmados. El daño está hecho. Los regalos de la empresa no son vistos como una bonificación, sino como una compensación. Si acaso, habrá algo de expectativa porque estos juegos lleguen a la tienda virtual, pero no más. Sólo los anuncios del probable remake de The Legend of Zelda: Majora's Mask o la llegada de Mario Kart y Super Mario en diciembre dan esperanzas.

En mi opinión, la Nintendo 3DS no levantará cabeza. Por lo menos, no muy pronto. Mi pronóstico más esperanzador es que quede como un experimento sin pérdidas para la empresa. Aunque todos miramos a la inminente llegada de la PS Vita como el punto más complicado, creo que el daño más profundo se lo infringieron solos. No calcularon que el 3DS por sí mismo no iba a ser atractivo y salieron sin una red de protección. Y es que, cuando hay que cambiarle las alas al avión el pleno vuelo, a lo que hay que aspirar no es a llegar al destino sino a un aterrizaje decoroso.

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