Tarde que temprano, el pasado termina por alcanzarnos. David Leigh, periodista del diario inglés The Guardian, ahora es señalado por un texto que escribió en 2006 cuando se destapó el escándalo del espionaje telefónico a la Familia Real Británica. En su artículo, Leigh carga contra Clive Goodman, editor de la fuente real del tabloide News of the World, por escuchar los buzones de voz de diversas celebridades. Durante cuatro o cinco años, The Guardian emprendió una campaña de denuncia contra esta práctica por parte de su rival, la cual culminó este año con el cierre del NOTW.

El caso ha llegado a grados insospechado cuando se confirmó que el espionaje telefónico era una práctica habitual en el News of the World. La investigación llevó a la cárcel a los ex editores Andy Coulson, Rebekah Brooks y Neil Wallis; así como al magnate Rupert Murdoch y a su hijo James a una comparecencia ante el Parlamento Británico. Ante esta situación, se ha desatado una cacería contra periodistas británicos que hayan empleado el recurso del hacking telefónico; como el caso de Piers Morgan, otrora editor del Daily Mail, quien confesó haber espiado en el buzón de voz del músico Paul McCartney.

En este contexto, resurge un texto de David Leigh, escrito el 4 de diciembre de 2006, sobre el uso de estos métodos dentro del periodismo de investigación; una suerte de apología del espionaje con un fin mayor. Incluso, confiesa que él también ha caído a la tentación de emplear esta técnica. Traduzco del original:

[...] No hay un periódico o canal de televisión en este país que, en alguna ocasión, no haya sucumbido y empleado métodos cuestionables. El periodismo de investigación no es una fiesta, particularmente en un país como el nuestro donde las cartas de la privacidad están apiladas a favor de los ricos y poderosos. Pero todo depende que cuál sea el objetivo. Yo he usado algunos de estos métodos cuestionables a través de los años. Yo también escuché una vez los mensajes de móvil de un ejecutivo de armas corrupto -- un crimen similar por el que Goodman podría ir a la cárcel. [...] Ciertamente, existe una emoción voyeurista en escuchar los mensajes privados de otra persona. Pero, contrario a Goodman, yo no estaba interesado en nimiedades sobre la Familia Real. Yo estaba buscando evidencia de sobornos y corrupción. Y contrario al News of the World, no estaba pagándole a un investigador privado para ayudarme rutinariamente.

En su artículo, Leigh hace una defensa de estos "mecanismos cuestionables" cuando son empleados para destapar irregularidades políticas, escándalos financieros u otros tópicos relacionados con la información de interés público. Carga contra el News of the World porque considera que es un descaro invadir la privacidad de alguien sólo para obtener cotilleos y chismes. La última frase resume a la perfección la intención del periodista:

Personalmente, estoy resignado a ver a las cucarachas de los tabloides rociadas con un poco de insecticida legal. Manejados por propietarios cínicos y envidiosos, y sin hacer distinción entre las intrusiones chismosas y el las investigaciones de genuino interés público, está convirtiendo nuestro oficio en descrédito.

Lo que Leigh señaló hace cinco años --bastante vigente hoy en día-- es que estas intrusiones son válidas para el periodismo de investigación. El periodista ha saltado a la mirada pública en los últimos meses tras la publicación de su libro sobre la filtración de cables diplomáticos de WikiLeaks. De hecho, Leigh se adjudica el crédito por la apertura de The Guardian para difundir los cables, así como de haber convencido a Julian Assange de editar o eliminar debidamente los nombres de todos los soplones para su protección.

¿Qué eco tendrá este viejo texto dentro de la coyuntura actual? ¿Debe el ejercicio periodístico permitir que estas técnicas sean empleadas y con qué fines? Es innegable que en un mundo donde las filtraciones de información sensible ya son cosas de todos los días, el debate está más vivo que nunca. Reino Unido está en un momento específico en que la persecución es tentadora, sobre todo porque los crímenes del News of The World han dejado muy sensible a la sociedad británica. Empero, ¿quién será el primero en juzgar a Leigh por sus actos? Porque el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.