Hay casos que, de sólo leerlos, te retuercen las vísceras. En México, por desgracia, son bastante comunes. El arresto de Mariel Solís, una estudiante acusada de homicidio con pruebas vagas, es el nuevo ejemplo sobre la mesa. Poco a poco, gracias a un grupo de amigos y familiares, el caso va tomando prominencia en las redes sociales. El efecto trasciende la mera publicidad sobre el asunto, sino que ha servido para cuestionar tanto a autoridades como a medios, así como ganar apoyo para ayudar a la acusada.

¿De qué va el caso? Todo inició este viernes 8 de julio, cuando Mariel fue capturada por una patrulla en la zona de Copilco, en la Ciudad de México. La estudiante caminaba por la calle, cuando la policía la sorprendió y la subió al vehículo, donde le ordenaron confesar un homicidio. Su arresto se dio sin orden de aprehensión en el momento; de ahí la llevaron a la fiscalía, y 24 horas después (de un plazo que por ley debería tomar 72), fue trasladada a un penal en calidad de detenida.

A Mariel se le acusó del asesinato de Salvador Rodríguez y Rodríguez, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Dicho crimen se perpetró el 12 de agosto de 2009, cuando el catedrático fue baleado en un asalto. Los ladrones le quitaron cerca de cinco mil pesos que había retirado recién en un banco. Días después, el 19 de agosto, las autoridades capturaron en un robo a Eduardo López, a quien identificaron como el asesino de Rodríguez.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con Mariel? En las cámaras de vigilancia del banco, aparece una mujer que ha sido supuestamente identificada como la estudiante. Sólo las autoridades saben sus parámetros de fisonomía, porque la persona señalada no coincide con la figura y semblante de Solís. Sin embargo, el homicida la identificó como su cómplice. Con otros argumentos como que Mariel vivía cerca del lugar del delito y que a los pocos meses cambió de casa, la policía actuó para apresarla. A pesar de que Solís ha mencionado que ese día estaba en la Universidad y de demostrar que carece de vínculos con el asesino, el caso siguió implacable.

Ante la impotencia por el maltrato que recibe Mariel, su familia y amigos lanzaron una carta abierta por Facebook para llamar la atención respecto al caso. A través del texto, explican cuál es la situación, el punto de la acusada y un llamado a los medios, ciudadanos y otros actores sociales a que tomen cartas en el asunto:

La profunda y sólida convicción personal que allegados, colegas, familiares y profesores de Mariel Solís tenemos en su inocencia no tiene, por supuesto, ningún peso como prueba penal. Por eso recurrimos a ustedes, al apoyo de medios y de organizaciones e instituciones en las que confiamos, para lograr la difusión honesta, limpia, responsable y transparente del caso, con pruebas sólidas y justicia cabal, donde ningún ciudadano sea detenido ni agraviado, ni física, moral ni públicamente, nunca sin argumentos que lo justifiquen, nunca en contra de ciudadanos activos y productivos dentro de una sociedad civil. (...) Casos similares se resuelven una y otra vez en perjuicio de inocentes, sin ninguna atención mediática, sin conocimiento público, con carpetazos, careos y juicios orales inusitadamente rápidos, uno tras otro. No pasará lo mismo esta vez. Con su apoyo y difusión, confiamos plenamente en que, una vez presentadas unas pruebas y refutadas otras, Mariel Solís estará en libertad con todos nosotros. Pero el peso de la difamación, de un evento traumático derivado de las grietas y fisuras de nuestro sistema de justicia, eso es imborrable para el afectado y de denuncia impostergable (y acción urgente) para sociedad, medios, gobierno e instituciones.

El caso ya ha sido tocado de manera muy leve por algunos medios de comunicación, quienes han recurrido básicamente a reproducir la versión de la agencia de noticias, sin profundizar en el caso. Por ejemplo, en la nota de La Jornada al respecto, me encuentro con un comentario que quiero rescatar:

Pido a Dios que los reporteros de La Jornada hagan su trabajo y no se queden con las versiones de Notimex... Yo sé quién es Mariel, y la catedrática de quien fue adjunta en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, también. Pero a además sus compañeros universitarios y de trabajo la conocemos desde hace años como lo que es: una joven que tiene vida ejemplar. En cambio, nosotros no sabemos quiénes son los judiciales que la "atraparon" sin orden de aprehensión dos años después del lamentable homicidio del catedrático, ni tampoco qué mueve al Fiscal del caso a sostener esa patraña, enredándose cada vez más en su invención de supuestas pruebas de culpabilidad contra la destacada estudiante.

Como tantos casos de este tipo, la roca arrojada a las aguas comienza a generar ondas. Por lo pronto, algunos periodistas ya se han interesado en el caso, como Javier Solórzano, Carlos Puig, entre otros. En Twitter, la etiqueta #MarielSolis estuvo el día de ayer entre los trending topics y hoy se mantiene con bastante actividad sobre el tema.

Lo que se exige es que se lleve un proceso dentro del marco de la ley, sin irregularidad ni huecos; sin prepotencias, juicios al vapor o presunciones de culpabilidad. Que se haga justicia y que se determine su inocencia o culpabilidad con garantías para la acusada. Cierro con un fragmento de la carta que señala que "no todos pueden tener un documental de amplia difusión en su favor". En estos tiempos, no se necesita: mientras exista gente decidida, las plataformas digitales son capaces de convertir un susurro en huracán.