Primero hablemos de estándares abiertos, que en términos sencillos no son sino las especificaciones de una tecnología cuando son dictadas de forma pública por y para una comunidad.

Internet está construida sobre estándares abiertos. Por ejemplo, los protocolos TCP, UDP y demás que gobiernan las transferencia de bytes a través de la red están claramente especificados en documentos públicos, redactados por representantes de la comunidad creada por la Internet Engineering Task Force, documentos conocidos como RFC (Request for Comments).

La Web también está regida por estándares abiertos, detrás de ellos está el W3C (World Wide Web Consortium), al frente del cual Tim Berners-Lee y colegas científicos-investigadores-ingenieros-entusiastas crean documentos públicos que hablan de cómo tejer web en sus dos extremos: desde la forma de servir páginas web hasta cómo crear aplicaciones ejecutables dentro de un navegador. En este sentido, todo navegador que se precie de serlo debe seguir la gran mayoría de esas recomendaciones. Internet Explorer 6 no lo hizo, por lo que hoy es la burla de muchos y el dolor de cabeza de otros tantos.

Todo intento por promover estándares cerrados sobre Internet y la Web es en esencia un esfuerzo monopólico que fluye a contra corriente. Idealmente, los estándares abiertos son conocimiento libre que es ajeno a las (ridículas) patentes, impulsor de la innovación, y esfuerzo cooperativo a favor de una comunidad de usuarios y creadores.

En el fondo, los estándares son una interfaz para acceder a la tecnología. Así que cuando son abiertos, el acceso a la tecnología mejora, entre otras razones porque existe interoperabilidad. Es este punto donde comienzo a hablar de Google+.

Google+ no sería posible sin estándares abiertos, porque Google tampoco lo sería. Brin y Page poseen un imperio modelado y construido sobre tecnologías abiertas antes que cerradas, salvo ciertas partes cruciales: su algoritmo fundacional, PageRank, entre otros donde las patentes juegan un papel preponderante para en términos de competitividad. El modelo en cuestión es híbrido, pero sin duda su éxito se debe a la parte abierta que les permitió escalar en infraestructura y acumular energía de miles de programadores.

Google mezcla en su incipiente red social una buena cantidad de ingredientes open source y otras especificaciones técnicas de índole abierta. En principio de cuentas pensemos en los miles de servidores Linux --código con una interfaz libre-- que gestionan la plétora de información que generamos desde sus servicios; luego en la cantidad, también inmensa, de estándares de comunicación con que interoperan para hacer posible esa gestión sobre la Web e Internet. Pensemos Google+ como una red social que existe encima de una red de servicios integrados por Google, estos a su vez encima de la Web, y ésta, de Internet. Capas todas que interoperan, insisto, gracias a que son abiertas.

En específico para Google+, la empresa consolida implementaciones de diversos protocolos de comunicación en sus productos y servicios:

  • WebRTC
  • XMPP
  • TCP/IP
  • STUN
  • RTP
  • SMTP
  • HTTP/HTTPS
  • SPDY

De igual forma, crea software open source con lenguajes de especificación abierta:

  • Python
  • XML
  • C++
  • Go
  • JavaScript
  • Java
  • HTML
  • CSS

Distribuye contenido con estándares abiertos para una experiencia multimedia:

  • WebM
  • WebGL
  • VP8
  • Ogg Vorbis

Y permite que terceros utilicen sus API --interfaces de programación, estándares abiertos a final de cuentas gobernados por una licencia de software Apache-- para la expansión del sistema. Pronto veremos circular la API de Google+ y el círculo se habrá cerrado. La lucha sigue contra estándares cerrados, de facto, como Flash y H.264, que aún pululan por la red.

Por supuesto, Facebook y Twitter también crecen sobre estándares abiertos. Pero Google+, los integra en cantidad más que nadie; en calidad, ya lo veremos.

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