Tarde o temprano, la ley de los tres strikes terminará por caer. Una legislación tan absurda, tan injusta y draconiana no puede ser soportada por los gobiernos del mundo. Las industrias, como poderes de facto, han presionado hasta el límite; sin embargo, estoy seguro que la razón terminará por imperar. Poco a poco, la resistencia emerge desde los organismos internacionales como las Naciones Unidas, quienes ya han dado un importante paso al declarar que la actual tendencia del copyright viola los derechos humanos

En este camino, Suecia ha decidido hacer llegar varias observaciones al Consejo de Derechos Humanos las Naciones Unidos, entre las que destaca un enérgico rechazo contra la ley de los tres strikes. El documento sostiene que cortar el acceso a Internet no es una sanción proporcional a la infracción, y llamó a los países a defender la neutralidad de la red. Este texto fue suscrito por otras cuarenta naciones, entre las que destacan --sorpresivamente-- Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda. En contraparte, gobiernos como el de Francia y Reino Unido se negaron a firmar esta declaración; en buena parte, porque ellos son impulsores de esta legislación.

Llama la atención que estadounidenses, canadienses y neozelandeses hayan firmado este texto. Recordemos que en abril, el país oceánico aprobó una ley exprés en contra del intercambio de archivos, con castigos tan ejemplares como la desconexión obligada por un periodo de hasta seis meses. Empero, en mayo se descubrió, a través de uno de los cables filtrados por WikiLeaks, que el gobierno de EE.UU [había instado a Nueva Zelanda](http://alt1040.com/2011/05/pirateria-legislativa-ee-uu-detras-las-leyes-de-propiedad-intelectual-de-nueva-zelanda-y-canada( a la aprobación de esta ley. Así mismo, la Casa Blanca también había ejercido presión sobre el gobierno de Canadá a introducir la DMCA (Digital Millenium Copyright Act) en la legislación local. Entonces, ¿se trata de un cambio de estrategia o simple hipocresía?

Mientras la arena política se mueve, Naciones Unidas tiene que decidir de qué lado situarse. Después de declarar el acceso a Internet como un derecho humano, su responsabilidad es aún mayor. Llámenme idealista, pero yo tengo la esperanza de que los gobiernos entenderán que el modelo de copyright está destinado al fracaso. No será una transición rápida ni indolora ni sencilla, pero al final, el mundo entenderá que es una necedad defender lo indefendible. Poco a poco, con pasos como éste, será posible el cambio.

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