Puede que muchos se hayan acostado anoche con una sensación muy rara en el cuerpo. Supongo que durante el día de hoy no faltará quienes digan que todas las manifestaciones contra la clase política, el bipartidismo, la corrupción y los movimientos y muestras de repulsa ante la situación que vivimos no han servido absolutamente para nada. Mentira. El movimiento/s (#spanishrevolution, #nolesvotes, Democracia Real Ya… ), llamémosle de la manera que queramos, no ha hecho más que empezar y ahora está de nuestra parte que crezca y, quizá, en nueve meses, nos salga una verdadera democracia, real.

Las elecciones de este pasado 22 de mayo demuestran el descontento que gran parte de la sociedad ha manifestado. Es imposible pensar que tras los recortes al gasto público, y, sobre todo, a la brutal cifra en la que nos encontramos de paro (4,9 millones de personas en paro a finales del mes de abril) y desencanto general, el partido que nos gobierna no saliera mal parado. Las consecuencias a partir de ahora y hasta las próximas elecciones generales son tremendamente raras y contradictorias. Un mapa autonómico donde acampa casi en su totalidad la derecha, mientras nos gobierna la izquierda en una especie de lenta agonía (si no se producen elecciones anticipadas, cosa poco probable) hasta las generales.

A mi modo de ver, los resultados arrojan un sentimiento afín con las manifestaciones que hemos vivido, pero todavía más con la propuesta surgida en la red. #Nolesvotes pedía el cambio, el fin del bipartidismo por encima de todo, votar, pero no a los partidos que no nos representan. Es evidente que se ha conseguido a medias, ya que si bien ha existido un ligero aumento de votantes y el PSOE ha recibido un duro castigo, el PP sale reforzado, y es quizá este punto el inicio sobre el que deberíamos sembrar lo que hasta ahora hemos construido.

Creo que existen motivos para celebrar. Un dato muy a tener en cuenta es el que nos indica el elevado número de votos en blanco y nulo (hasta el momento 389.506 nulos y 584,012 en blanco), un aumento en comparación con las anteriores autonómicas y superándolas en más de un punto (sería la cuarta fuerza más votada), lo que viene a mostrarnos a las claras el descontento de gran parte del ciudadano.

El PP sale vencedor, es evidente que el batacazo del PSOE les deja en una situación de claros ganadores, pero también es verdad que analizando la situación en la que se encontraba, ante un partido que ha vivido en sus carnes la crisis y el paro histórico, no ha llegado a aumentar ni 2 puntos porcentuales sobre las anteriores elecciones. Es decir, no ha existido un trasvase de votos de un partido a otro, y esto significa, de alguna manera, que el bipartidismo era un sentimiento a erradicar en la mente de los ciudadanos.

Además, hemos visto como emergen otras fuerzas minoritarias. UDyD o Izquierda Unida aparecen con más fuerza en el mapa, seguramente votos que han volado del descontento del votante del PSOE. Aunque algo anecdótico, en Cataluña también aparece por primera vez una representación de los piratas. El partido Imagina't de Sant-Fruitos tendrá en la figura de Manoli Martin a la primera concejal del partido Pirates de Cataluna de la historia. Todos votos que podríamos adherir al sentimiento de cambio de la última semana.

Por contra, las elecciones muestran a las claras que si bien al votante de izquierdas le ha calado el mensaje de las protestas y los movimientos, el ciudadano de derechas, casi en su totalidad, ha pasado de largo, o al menos, aquel que ejerce su voto. Quizá, lo más grave, es que por encima de las manifestaciones o el propio bipartidismo, la corrupción parece que en este país sigue dando votos. Difícil entender como en algunas comunidades se ha votado a un partido donde el engaño y la estafa han prevalecido.

Este es el punto de partida a partir de ahora, ese consenso de mínimos con el que continuar el camino que hemos empezado. Unificar unas pocas bases con las que una amplia mayoría se encuentre identificada, donde el votante de derechas pueda escuchar un discurso sintiéndose representado y donde el ciudadano de izquierdas no sienta que en este país no hay espacio para una cambio porque no existe algo tangible.

Queda menos de un año para las elecciones generales, prácticamente nueve meses. Me niego a pensar que no sea tiempo suficiente para que todos los que hemos vuelto a pensar que un cambio es posible, no sea más que un sueño. Que para aquellos que por primera vez han sentido como todos juntos, sin ideologías, credos o partidos por delante, simplemente con un movimiento tan humano y democrático como el que hemos compartido en cada una de las plazas de España y de todo el mundo, esto se haya acabado.

Hay que creer en nosotros, en la fuerza y la unión de una sociedad, la española, que ha sido durante estos días la capital de la esperanza, del cambio, una imagen en la que muchos pueblos se han sentido identificados y así nos lo han demostrados a través de las numerosas muestras en la red y los grandes medios de otros países.

Hoy más que nunca, las palabras que Torfason nos dejó hace unos días deberían resonar con fuerza. La lucha no ha acabado ni mucho menos. Que no decaiga el ánimo, que no nos traten de engañar, de trasgiversar el mensaje o de separarnos y que la #spanishrevolution sirva para construir un futuro mejor, una democracia real, tan real como se la hemos mostrado estos días.

Imagen: Pedro Armestre