Peter Parker inmortalizó la frase de que con un gran poder, viene una gran responsabilidad. El abnegado y estoico superhéroe siempre privilegió el deber a los beneficios. Porque sin cosas buenas, ¿de qué sirve detener al crimen, patear traseros y vencer al mal? No hablo de la satisfacción moral o del gusto por servir a los demás, sino de los admiradores, los fanáticos, las groupies, el dinero, la fama y el resto de las comodidades. Si no, ¿qué chiste tiene?

MacDonald "Mac" Gargan piensa de esta manera. Para él, ser un superhéroe es un gran trabajo, siempre y cuando le permitan ciertas libertades. El nuevo Spider-Man (o nuevo Venom, depende dónde se le vea) es un hedonista. En un grupo de "héroes" tan disfuncional como los Thunderbolts, él aporta esa visión de humorismo mercenario. Él busca divertirse y sacar el máximo provecho del traje. ¡Dejad que las chicas se acerquen a mí!, es casi su lema.

Por tanto, en Sinister Spider-Man no deben esperar una trama oscura o situaciones para quebrarse la cabeza. Al contrario, se trata de una serie de cuatro entregas divertidas, entretenidas, con humor ligero. Sin embargo, sirven muy bien para añadir balance dentro del cross-over de Reino Oscuro, en el que atestiguamos el auge de Norman Obsorn como el nuevo policía del mundo. Además, le otorgan una profundidad al personaje que nos permite explorar a un villano que, más que vileza y sadismo, busca saciar sus necesidades de placer --y su voraz apetito, de paso--.

Mención aparte merece la aparición de J. Jonah Jameson, ofreciéndonos un nuevo capítulo de la relación entre el editor y el arácnido. Jameson ha dejado su periódico para convertirse en alcalde de Nueva York, donde Spider-Man --nuevo amo y señor de la ciudad-- hace hasta lo imposible para complicarle el día. Si la figura de Mac Gargan es de un sibarita interesado sólo en su bienestar, la de Jameson es la de un político patético sin rumbo en un puesto que le queda demasiado grande. El resultado de esta combinación es, sencillamente, hilarante.

Colmada de villanos de poca monta, peleas de pandillas y placeres mundanos, el entorno de Sinister Spider-Man es un delicioso regreso a las aventuras de Marvel en las calles, lejos de invasiones extraterrestres y dioses nórdicos. En un back to the basics que se agradece, con el añadido de un personaje tan deleznable que nos conquista con su carisma. No es una historia imprescindible en la trama, pero no le hace falta serlo para ganarse al lector. Debe abrirse, al puro estilo de Gargan, sólo para disfrutarse y nada más.

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