Tras las múltiples protestas en contra de la energía nuclear que se han suscitado en Alemania, la canciller Angela Merkel ha anunciado que la nación se desprenderá de sus plantas termonucleares para 2022. Amén de las manifestaciones y el descontento civil, esta decisión se tomó después de que Merkel recibiera una recomendación de la Comisión de Ética para la Seguridad Enérgetica, instándola a cerrar las 17 instalaciones de este tipo en el país.

La dependencia de diferentes naciones hacia la energía nuclear ha estado en tela de juicio desde el trágico incidente de Fukushima. A raíz del desastre, numerosas ONGs han externado su negativa hacia que los gobiernos impulsen nuevos programas nucleares, y han solicitado que se apueste por otras energías renovables.

Alemania tomó acciones directas tras el accidente japonés, dándole marcha atrás a una política de Estado pro-nuclear y apagando siete de las plantas nucleares más viejas del país. Tras esa decisión, la Comisión de Ética evaluó el resto de las instalaciones. Su dictamen es categórico: las siete plantas clausuradas deben permanecer así, en tanto que las diez restantes deberían ser desactivadas de manera gradual.

Por supuesto, la decisión ha sido controversial para la Agencia Federal de Redes, quienes cuestionan la capacidad que tiene Alemania sin las siete plantas para abastecer de electricidad a su población. Los miembros de este organismo acusan que la red eléctrica opera al límite de su capacidad sin el apoyo de estas termonucleares.

Así, Angela Merkel ha decidido hacer caso de la resolución del comité, quienes pronostican que el país podría independizarse de la energía nuclear en un lapso aproximado de una década. De esta forma, la canciller promete liberar a Alemania de esta fuente de energía para 2022. El plan es ambicioso, pero la comisión señala que se cuenta con suficientes alternativas para el desarrollo de plantas solares, eólicas y de biomasa para sostener la demanda energética de la nación.

Alemania da un paso muy arriesgado al externar su renuncia a la energía nuclear, y su éxito (o fracaso) en la implementación de otras fuentes de energía podría ser el caso paradigmático que otras naciones tomen como ejemplo. Por lo pronto, serán diez años de trabajo duro, pues renuncia a la energía nuclear plantea retos y riesgos en el abastecimiento. ¿Serán capaces los alemanes de enseñarle al mundo que se puede vivir sin el poder atómico?