Yo sé que anunciar «la muerte de [inserte tecnología, aparato o artefacto obsoleto]» es un lugar bastante común, pero en esta ocasión me parece apropiado, cuando menos, prepararnos para el funeral de las Páginas Amarillas. En Estados Unidos, la Yellow Pages Association (YPA), un grupo que conjunta a varios impresores de estas guías telefónicas, ha decidido cambiarse el nombre para adoptar una identidad más acorde con estos tiempos. Ahora conocidos como la Local Search Association (Asociación de Búsqueda Local), parece que el cambio de imagen responde a la lenta desaparición de estos libros.

Admitámoslo: en los tiempos en que la información está a una búsqueda de Google de distancia, las guías telefónicas han perdido la utilidad que tenían hace muchos años. Por el contrario, se han convertido en un problema ecológico y en un desperdicio de papel. Se calcula que en Estados Unidos, las páginas amarillas equivalen al 0.3% de la basura (650 mil toneladas). Aunque su tasa de reciclaje ha crecido a 36.9%, todavía es un gasto considerable si consideramos las alternativas.

Además, cada vez es menos gente la que quiere una guía telefónica en casa. Por ejemplo, en varias ciudades como Seattle se desató la controversia porque el gobierno local autorizó un sistema opt-out que permite que los ciudadanos rechacen la guía. La YPA reclamó que esta reforma iba en contra de la libertad de expresión, amén de representar altos costos. Ante tal escenario, parece que la nueva apuesta será por colocar todo el contenido en línea y dejar de gastar millones de dólares (y de árboles) en un libro que muy poca gente utiliza.

Por supuesto, en países en desarrollo donde la penetración de Internet no es tan alta, puede considerarse todavía como una alternativa viable. Sin embargo, las Páginas Amarillas deben entender que en un mundo conectado, tienen que evolucionar o morir. Por lo pronto, la YPA ha captado el mensaje, lo que representa también otro pequeño éxito en cuestiones de sustentabilidad.

Si tanto se necesita un guía, ¿por qué no ponerla disponible para descargar para iPad o Kindle? ¿Por qué no imprimir un número menor y ponerlas a la venta para el que las necesite? ¿Por qué no consultar antes por teléfono en lugar de llenar a todos los hogares con un libro que ya nadie abre? No dudo que las Páginas Amarillas aún mantengan cierta razón de ser, pero de que hay opciones para migrar del papel, las hay. Como tantas tecnologías, es cuestión de avanzar o extinguirse.