Los cómics, como reflejo de la coyuntura política, dan lecturas muy interesantes. Quizá el caso más significativo en los últimos años fue con Civil War (2006), cuyo debate se centraba en el Acta de Registro de Superhumanos --un símil interesante con la Patriot Act de George W. Bush-- y los bandos enfrentados entre Iron Man y Captain America. Al final, el superhéroe emblemático de los Estados Unidos cae asesinado por un disparo en la cabeza --en un guiño a la historia de John F. Kennedy--, asestando un poderoso mensaje político contra la actual administración.

Pero, claro, hablamos de Marvel, que aprovecha casi cualquier detalle sociopolítico para incluirlos en sus viñetas. DC, del otro lado, tampoco es tan inocente. Aunque sus héroes se desempeñan en ciudades ficticias como Metrópolis o Ciudad Gótica, el contexto internacional también asoma sus narices de vez en cuando. En algún momento, por ejemplo, Lex Luthor consiguió la Presidencia de los Estados Unidos; o en una línea temporal alterna, Superman cayó en una granja olvidada de Ucrania y terminó imponiendo el régimen soviético en todo el mundo.

Hace un par de días, en el número 900 de su publicación, Superman dio la nota al renunciar a su nacionalidad. Sí, el superhéroe bonachón por antonomasia ya no quiere ser estadounidense. La escena es la siguiente: Superman consulta con el asesor de seguridad nacional del presidente tras revelarse que el héroe apareció en una protesta en Irán contra el régimen --un paralelismo a las manifestaciones actuales en Medio Oriente--. Sin embargo, el gobierno iraní asocia la presencia del Hombre de Acero como una declaración de guerra desde la Casa Blanca.

Irritado, Superman aclara que hablará con las Naciones Unidas para renunciar a su ciudadanía estadounidense, pues el héroe considera que no le ayudaría a actuar en territorio internacional sin que su intervención pueda interpretarse como un acto de intromisión de EE.UU. El mensaje es aún más profundo: a un héroe omniprescente le estorba el concepto de nacionalidad. Dice que el mundo está demasiado conectado y es muy pequeño para él como para atarse a un país. De hecho, por su origen alienígena, hasta le cuesta trabajo entender esa perspectiva.

Por supuesto, podría discutir cómo afectará al título esta decisión. Sin embargo, me parece que el mensaje detrás es mucho más poderoso. El paralelismo que hace Superman con la noción actual de una sociedad hiperconectada --post WikiLeaks, podríamos decir-- es asombroso. La idea de renunciar a la nacionalidad, de que Superman sea (por fin) un ciudadano global, es una alegoría interesante con un mundo en el que todos podemos afectar a todos sin tener que desplazarnos geográficamente. En ese sentido, me pongo de pie por DC, aunque estoy seguro que en Estados Unidos no deben estar muy contentos. Ahora sí, para los amantes del cómic, habrá que estar atentos a como Superman cambia ahora que es un apátrida.