Que conste que este post no va sobre estilos musicales. Cada uno de estos cuatro grupos, cantautores, solistas o como los quieran llamar tienen únicamente en común que escriben sus canciones y hacen música en el sentido más amplio de la palabra. A partir de ahí, cualquier parecido razonable entre ellos es inexistente.

Ayer Foo Fighters colocaba su nuevo disco Wasting Light en la web del grupo. El trabajo íntegro para que todos los seguidores pudieran escucharlo sin restricciones de ningún tipo, previo lanzamiento del disco el 12 de abril, solamente hay que acudir al alojamiento. Con este movimiento se unían a otros destacados grupos de la industria que han comenzado a apostar por nuevos modelos, nuevas vías de transmisión de su arte para con sus seguidores. ¿Están locos? ¿gratis? ¿y qué reciben a cambio?

Titulo con Pau Donés y Luis Cobos, pero también podríamos añadir a Alejandro Sanz, porque son tres de las figuras más conocidas en España y Latinoamérica (sobre todo Sanz) que han expresado de manera publica su rechazo a este tipo de sistemas, apoyando fervientemente todo aquello que se relaciona con los derechos de autor, la SGAE, el canon digital, la Ley Sinde y en general, el sistema de distribución de la industria cuando existían los casettes y los DVDs. Una época en la que Nirvana, ¿casualidad?, golpeaba con fuerza en las listas de éxito de todo el mundo.

Tanto Radiohead como Foo Fighters (Dave Grohl era el batería de Nirvana y ahora cantante de Foo Fighters) son grupos con edad, llevan varias décadas dentro de la industria y han disfrutado del éxito del modelo del pasado como ninguno. Es más, me atrevería a decir que en los 90 se forraron con la venta de discos. En esa época sus fans eran legión y no existía Internet, por lo que aquellos que les gustara su música acudían ávidos de más material a las tiendas a por el nuevo disco, una de las pocas vías de difusión junto con la radio y los conciertos.

Con Internet los modelos han variado, pero sobre todo, el mayor cambio viene dado por la sociedad. La manera de consumir música obliga a pensar otras formas de vender y transmitir, lo que antes era válido ahora resulta antiguo, principalmente porque la red difunde de una manera muy diferente a una tienda física. El modelo de Foo Fighters o Radiohead no tiene por qué ser válido o el único. Tengamos en cuenta que se trata de dos bandas de reconocido prestigio que de alguna manera saben que todo aquello que hagan es noticia. Pero también es cierto que ganarían quizá más dinero si volviesen al pasado y vendieran en las tiendas, el disco con su copyright y sus derechos, su canon, y más adelante, el libreto y remixes del mismo, para finalmente vendernos la edición Delux con una caja dorada.

No, en cambio deciden aceptar las nuevas "reglas" por las que se rige la red y difunden su obra, pero no como una acción altruista para que los seguidores digan lo buenos que son y que les den la obra gratuita. Lo hacen porque no hay mejor manera de recibir un feedback hoy que ofrecer una obra al público para que decida la calidad que tenga, en función de la misma, seguirán siendo grandes, si acaso, aún más grandes, porque van a encontrar a un público que llenará los conciertos para escuchar la música que ellos anteriormente les han ofrecido, generan realmente la sensación de comunidad tan importante en un grupo con sus seguidores. Aprovechan la red, el medio, de la mejor manera posible.

Además, demuestran que existe una salida más allá de las restricciones reguladoras de otros modelos. El modelo sigue permitiendo que aquellos que les guste paguen por el mismo, pero no es ese el único fin, nos viene a decir una vez más que la cultura se puede y se debe compartir y que los derechos de autor no están por encima del acceso a la cultura y el conocimiento, que un autor tiene eso, autoría sobre su obra, pero no propiedad, porque entonces, desde ese mismo momento, dejará de ser autor para ser gobernante.

Radiohead fue uno de los grupos pioneros en lanzar un disco a todos los seguidores sin previo pago. In Rainbows podía comprarse o no, le dejaba la puerta abierta al consumidor para que lo valorara y pagase lo que quisiera. Los resultados no pudieron ser más prometedores. El disco tuvo una promoción sin igual, ya que el "ruido" que generó esta innovadora distribución fue bestial. Por otra parte, en cifras, recaudó más que el anterior LP Hail to the thief, y los conciertos que dieron en la gira del 2.009 fueron todo "llenos". Esta es la lista de pagos por el disco (únicamente se contabiliza los que accedieron a la web):

  • Un 4% pagaron entre 12 y 20 dólares
  • Un 6% pagaron entre 4 y 8 dólares
  • Un 12% pagaron 8 y 12 dólares
  • Un 17% pagaron entre 0.001 y 12 dólares
  • Un 62% no pagó nada por el disco.

Como digo, estas cifras vienen a darle éxito al sistema, ya que, si bien un 62% no pagó, el disco fue incluso más vendido que el anterior. Además, las cifras no contabilizan el feedback y la promoción del grupo a través de la propuesta, ni el aumento y los llenos en los conciertos por la distribución ofrecida.

Muy diferente suena el slogan de Donés, quién afirmó recientemente que su nuevo disco había costado 120.000 euros, y venía a decirle a los fans que pagaran por él. Modelos contrarios unos de otros, tanto ideológicas como de consumo.

Que la cultura se comparta no significa el fin de la industria ni mucho menos. Por esa misma razón pienso que hay que alabar iniciativas como las de Foo Fighters, Radiohead, The Strokes o el mismo Prince, quienes perfectamente podrían seguir sentados en el sillón de su casa viviendo de las grandes rentas que les han reportado el pasado y en cambio deciden intentar avanzar. El otro día Luis Cobos, presidente de la entidad de gestión de Artistas Intérpretes y Ejecutantes (AIE), dejó una frase para el recuerdo. El músico sentenció que los próximos años regularían y protegerían a los derechos de autor con la siguiente frase: "Se acabó la barra libre, vamos a poner puertas al campo". Cobos, al igual que Donés, está convencido de que la regulación en la red acabará con la mal llamada piratería tras esto años de "adaptación". ¿Quién se equivoca entonces?

Creo firmemente que aquello que nos gusta y con lo que disfrutamos, la mayoría de nosotros estamos dispuestos a pagar por ello. No se trata de la cultura del "todo gratis", más bien se trata de la cultura de la libre distribución, de la democratización de los derechos de la difución de la cultura por encima de las regulaciones o los derechos de "autores". Un sistema que funciona, no el único, pero uno que parece más acorde con el sistema actual.

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