Por si existía alguna pequeña duda sobre el doble rasero con el suelen tratar los derechos de autor las entidades gestoras y las sociedades que se encuentran detrás de los interés de la industria del entretenimiento, la MPAA, encargada de velar por los intereses del cine, dijo, sin pelos en la lengua, la frase con la que titulamos.

En un reciente viaje a Brasil del vicepresidente de la entidad, Greg Frazier, un periódico local del país tuvo una entrevista con el hombre. En la misma dejó claro por encima de cualquier cosa, que de lo que se trata es de regular y mantener a buen recaudo los derechos de autor para salvaguardar la cultura, su cultura, aunque eso signifique tener que afirmar que términos como Creative Commons o la democratización de la cultura no son del «agrado» de la industria o que no están interesados en ella. Os dejo con algunas de las citas que dejó, la mayoría más que reveladoras:

– Sobre la piratería:

>… En caso de no creer en los valores de la creatividad, la importancia de protegerla y la necesidad de recompensar a los que la producen, tal vez entonces se esté justificando la piratería y en ese caso todos aquellos que la justifiquen estarán realizando un gran daño a la cultura.

– Sobre los derechos de autor, las sociedades de gestión y las compañías:

>… obviamente, los gobiernos y las sociedades deben trabajar para que el acceso a lo «básico» sobreviva, pero eso no debe hacer que se ignore otras cosas. Las empresas deben convivir entre ellas, se respetan unas a otras, no se roban unas a otras.

– Sobre las licencias como Creative Commons:

>… este tipo de licencias no siempre están de acuerdo con lo que defendemos. Si hablamos de democratizar la cultura, eso no es de nuestro interés

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19 Comentarios

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  1. Sras. y Srs., ha vuelto la inquisición, y al que se le ocurra decir que una obra es suya, tendrá por recompensa una bonita ejecución en la guillotina.
    Saludos.

  2. No dijeron nada que no supieramos, pero tampoco han dicho nada malo. Salvo la última me parecen todas opiniones muy razonables. En mi opinión, las licencias creative commons podrían venirles bien, en alguna de las múltiples formas en las que se pueden presentar, en determinados casos. Pero si no quieren usarlas están en su derecho, son sus obras.

    Lo que tendríamos que conseguir es que todos los ciudadanos sean capaces de crear cultura ellos mismos, esa sería realmente la democratización de la cultura, y no pretender que un puñado de músicos creen la cultura que el resto del mundo consumimos, de forma pasiva como meros espectadores, para más inri imponiendoles nosotros las licencias o los precios que deben usar.

  3. En el contexto de la sociedad de la información se ha ido posicionando el concepto de industrias culturales, también llamadas “industrias creativas” o industrias de contenidos, incluye la impresión, publicación, multimedia, audiovisuales, productos fonográficos y cinematográficos, así como artesanías y diseños. Para algunos países este concepto también abarca la arquitectura, las artes visuales y de performance, deportes, manufactura de instrumentos musicales, anuncios y turismo cultural. Las industrias culturales abarcan aquellas industrias que combinan la creación, la producción y la comercialización de contenidos que son inmateriales y culturales en su naturaleza. Estos productos normalmente están protegidos por derechos de autor y pueden tomar la forma de bienes o servicios.

    En este punto es apropiado examinar un concepto tan amplio como cultura. En su sentido más general: el antropológico. La cultura está constituida por todo lo que hacemos y como lo hacemos, los modos de pensar y los modos de construir y producir significados. David Throsby, en su libro Economía y cultura (Cambridge University), recoge en la siguiente frase la definición de cultura en el sentido antropológico: un conjunto de actitudes, creencias, convenciones, costumbres, valores y prácticas comunes o compartidas por cualquier grupo.

    El concepto industrias culturales es introducido por Theodor Adorno y Max Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt, para diferenciar “la cultura tecnológica de masas en oposición a la alternativa de producción cultural individual y auténtica de las artes puras”. Este hecho es significativo porque de manera tangencial diferencia cultura de arte y, además, contextualiza las relaciones de tipo económico que se dan en la cultura y en el arte. Tal vez por el origen de la acepción de cultura, en el sentido de cultivar la sensibilidad humana, se ha sesgado hacia el significado de arte, llegando a usarse indistintamente con este último. Este hecho sumado a la disponibilidad de medios nuevos para crear y difundir contenidos simbólicos influyen nuestras prácticas y costumbres. A su vez el sistema económico determina nuestro acceso y aproximación a bienes y servicios, incluidos la cultura en el sentido sensible y el arte puro. Esta dinámica actual se evidencia cuando la UNESCO elimina la diferencia y vincula su definición de industria cultural con el derecho de autor: “las industrias culturales son aquellas que reproducen a escala industrial, utilizan como materia prima creaciones protegidas por el derecho de autor y producen bienes y servicios culturales fijados sobre soportes tangibles o electrónicos”.

    En cierto sentido las industrias culturales son la adaptación de las actividades creativas, generalmente vinculadas al arte, a la sociedad de la información que ha abierto espacios novedosos y retadores para el talento creativo. Esperemos que los artistas sepan lidiar con las demandas del mercado y la libertad creativa propia de su esencia, transgresora siempre del statu quo.

    Esto hace parte de un pequeño ensayo que acabo de escribir. Espero que aporte a la discusión.

  4. Paco, para empezar das por hecho que los jóvenes son unos incultos, cuando resulta que la juventud actual es la más preparada a nivel académico y con mayor acceso a diversos formas de estudiar y conocer la cultura, entre ellas Internet.
    Pero claro, de nada sirve sino hay trabajo después.

    Por otra parte no se está exigiendo el todo gratis, si no que la gente que se dedica al mundillo cultural dejen de creerse semidioses y cobrar por su trabajo tropecientas mil veces, algo que no ocurre en otras industrias. Así como tacharnos de ladrones incluso antes de cometer ningún delito, como hacen imponiendo el canon por si acaso…

    Por otro lado, el inculto aquí eres tú si te piensas que solo nos interesa Internet y las descargas para escuchar la basura de Bisbal y operación truño. Eso mismo es un auténtico atentado a la cultura musical y se aleja del verdadero arte, es solo un producto de compra venta, nada más. Cero calidad.

    Gracias a Internet he logrado conocer a grupos de todas las épocas, países e idiomas que los señores de la SCAGAE y la industria discográfica jamás se hubieran dignado a presentarme solo por no ser lo suficientemente comerciales.

    Nunca me he descargado la escoria de Bisbal, Chorrea y Bogavante, tengo demasiadas cosas interesantes que escoger y no voy a malgastar mi conexión a Internet en semejantes cosas.
    Que por cierto, yo soy una ladrona, pero mis cómplices (los que me dan tropecientos mil megas para bajarme lo que quiera) no lo son, ¿no? No claro, ellos solo son unos humildes trabajadores que velan por sus beneficios y a los que la cultura se la suda… Mira, ¡igualitos que las entidades de gestión de desechos de autor!

    Va, si da igual, digan lo que digan tienen ya la batalla perdida…

  5. Escuhar a Bisbal, Chenoa o Bustamante gratis es democratizar la cultura?
    Los jóvenes deberían aplicarse más en sus estudios y dejar de exigir el todo gratis en la cultura.

    1. Los nostálgicos del ayer siguen diciendo que: «Todo tiempo pasado fue mejor»…

      Julio Iglesia y Raphael a $20 dólares por disco sería mucho más cultural, ¿verdad Don Paco?