"Si quieres volar a las estrellas, ¡entonces pilotea tú la nave! ¡No cuentes conmigo!", grita un colérico Ben Grimm. El Dr. Reed Richards, con la mirada vaga y la pipa en mano, reflexiona para sus adentros. El piloto le advierte sobre los peligros de los rayos cósmicos ("¡Bien sabes que no hemos investigado suficientemente!"). Sin embargo, una mujer rubia se voltea y encara a Grimm. "Ben, hay que enfrentar ese riesgo, ¡si no queremos que lleguen primero los comunistas! --señala Sue Storm-- ¡y-yo nunca pensé que tú serías cobarde!" Tocado en el orgullo, Grimm asesta un golpe que rompe la mesa y acepta la misión.

Fantastic Four #1, el cómic que dio origen al cuarteto fantástico más conocido del planeta (bueno, con excepción de The Beatles) surge en un contexto muy particular. Lanzado en noviembre de 1961, su primera página nos deja testimonio de un momento histórico particular: la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Como en tantas ocasiones, la cultura pop --en esta ocasión, los cómics-- quedan como un curioso testimonio de la historia mundial.

Como ya sabemos, hoy se celebran 50 años de que el cosmonauta Yuri Gagarin se convirtiera en el primer hombre en el espacio. El golpe fue tan duro para los Estados Unidos que, 23 días después, enviaron a Alan Shepard para ser el segundo ser humano en llegar a la última frontera. Con el tema fresco en la memoria colectiva, la confrontación con los comunistas era el pretexto perfecto para montar al Dr. Richards y compañía en un viaje fantástico.

En el inicio de los sesentas, eran muy pocas las cosas que se conocían sobre el espacio. Los famosos "rayos cósmicos" son un reflejo de este desconocimiento (y fascinación) sobre la materia. En efecto, no se sabía mucho sobre las consecuencias del viaje espacial, y los cosmonautas eran motivados por el espíritu de aventura hacia lo inexplorado. Es más, tendría que pasar un año más (1962) para que John Glenn se convirtiera, en febrero, en el primer estadounidense en orbitar a la Tierra.

Así, Stan Lee plasmó, viñetas después, un testimonial de cómo se vivía la carrera espacial. Sin tiempo para esperar una autorización oficial, Richards decide lanzar su cohete sin permisos. Sí, a Reed lo motiva lo científico, pero es imposible esconder la intención nacionalista inherente, explícita por Sue unas líneas arriba. "No queremos que lleguen primero los comunistas", resuena en como lema tácito en la génesis de los superhéroes. El resto --en el cómic y en la vida real-- es historia.

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