Yo no sé cuál sea tu caso, pero yo crecí con una máquina de escribir a mi lado. Mi madre, que fue secretaria y conservaba una en casa, sabía utilizarla con la pericia de una experta en su profesión. No recuerdo ni la marca ni el modelo, sólo que era pequeña y amarilla por fuera. De ese dispositivo me parecía fascinante el sonido de la teclas, el mecanismo de impresión y el resultado final en el papel, que no era pulcro ni perfecto, pero sí muy cercano, muy humano diría yo. La verdad es que ver escribir a mi madre con una velocidad de vértigo era un espectáculo que me dejaba con la boca abierta.

Con aquella vieja máquina de escribir --que utilicé sólo con un par de dedos-- escribí algunas tareas de la escuela y más textos que se me ocurrían cuando pequeño. Luego llegó la computadora, con un teclado ligero y teclas más nobles para los dedos. Fue difícil adaptarme al principio, mis dedos taladraban en vez de teclear antes de acostumbrarme a esa novedosa interfaz. Allí los errores eran menos costosos, inocuos; nada más presionar DEL o CTRL+Z era suficiente para recuperar el camino.

Desde entonces no uso máquina de escribir.

¿A qué viene esa nostalgia por la máquina de escribir? En algunos medios ingleses como Daily Mail y The Tech Herald circuló una noticia, permítanme decirlo así, triste: Godrej and Boyce cerraron su fábrica en Mumbai, India, y con esto --dicen ellos-- la última fábrica de máquinas de escribir manuales. Según Godrej and Boyce, no había suficiente demanda para mantener la fábrica en marcha:

Ahora sólo tenemos 200 modelos por vender y será el fin. Es un día muy triste.

Sin embargo, empresas como Swintec anuncian que el negocio sigue vivo y con beneficios económicos --las instituciones gubernamentales son sus principales clientes--. Quizá se trate de la última empresa fabricante de máquinas de escribir, todas son eléctricas --por cierto, me gustaron sus modelos Clear Typewriter--.

Los nostálgicos pueden visitar myTypewriter para conseguir algún modelo clásico. Una Olympia o la legendaria Smith-Corona. Seguramente existen otras opciones en la red.

La máquina de escribir fue la interfaz que dominó por décadas la codificación de la creatividad. Fue el puente entre el espíritu creativo y la obra en su forma tangible vaciada en papel. Fue el acelerador de ideas de una época sin multitasking, sin pestañas de navegador, sin atajos de teclado.

Sirva este pequeño artículo para recordar las glorias del artefacto con el fueron escritas las mejores letras del siglo XX. Letras de periodistas, guionistas, dramaturgos, científicos. Letras para llenar las páginas de novelas como Cien años de soledad --García Marquez tiene preciosas anécdotas al respecto--. Máquinas de escribir para que un sesudo Kubrick escribiera guiones como el de 2001: A Space Odyssey, y Samuel Beckett obras maestras como En attendant Godot.

Réquiem por la máquina de escribir mecánica.

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