Kepler es el nombre con el que la NASA bautizó, en honor al científicos Johannes Kepler, al satélite artificial que desde 2009 busca sin descanso planetas extrasolares (con mucho éxito por cierto). Pero el Kepler no solamente se ha dedicado a eso en los años que lleva trabajando desde el espacio, también ha estado “grabando la música de las estrellas” y justamente sobre esto último trata el hito científico con el que vengo hoy: el equipo internacional de astrosismólogos detrás del satélite informó en las últimas horas que el satélite de la NASA ha conseguido medir con una precisión nunca antes vista las oscilaciones (vibraciones o sonidos) de 500 estrellas similares al Sol.

¿Pero es que las estrellas emiten música?, os estaréis preguntando muchos y la respuesta es no exactamente. Lo que Kepler ha captado son las pequeñas variaciones en el brillo de la superficie de los 500 soles situados en la constelación Cygnus-Lyra resultantes de las ondas acústicas (u oscilaciones solares de tipo modo p que comprimen y descomprimen los gases internos) generadas por las turbulencias internas en los cuerpos. Dicho de otra manera, el satélite ha conseguido medir el espectro de vibraciones de una población de 500 estrellas parecidas al Sol.

Estos nuevos datos son muy importantes ya que del mismo modo que escuchando su música podemos identificar cualquier instrumento el espectro de vibraciones de las estrellas nos da mucha información sobre sus características físicas (tamaño, estructura interna, composición química, estado evolutivo etc.), con lo que basándose en ellos los científicos obtendrán información muy precisa sobre los procesos de formación y evolución de las estrellas que a su vez les permitirá comprobar o refutar los modelos clásicos de formación estelar.

Por ejemplo gracias a estos últimos datos obtenidos por Kepler el equipo de astrosismólogos ya ha llegado a una conclusión de importancia capital; que la distribución de masas estelares --número de estrellas situadas en una zona concreta de una galaxia con una masa determinada-- no se ajusta a los modelos aceptados por la ciencia.

Y poco más que añadir que darle las gracias al satélite Kepler y sus responsables por continuar descubriéndonos los misterios del Universo sin descanso. Sin duda estamos en una época dorada para la astronomía y otras ciencias.

Imagen: Instituto de Astrofísica de Canarias

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