Por enésima vez, ¡las descargas no están matando a la industria musical!

Lo diremos una vez más: las descargas no están matando a la industria musical. No. Lo que la está afectando es su necedad por no adecuarse a los tiempos, por aferrarse a los viejos modelos, por proponer medidas coercitivas para mantener intactos sus intereses. No. Los proveedores de servicios de Internet no son (ni deben ser) panópticos que vigilen a los usuarios. ¿Cuántos más necesitan para entender que están equivocados?

La industria del copyright ha perdido por completo el beneficio de la duda. Ahora es la London School of Economics la que les repite que las descargas no son el enemigo. La trama central ya está gastada: atacar a los internautas porque (¡oh, malditos! ¡oh, desgraciados!) con cada clic una familia se queda sin comida, un artista pierde su empleo y un gatito perece en las llamas del infierno.

Es más, el artículo académico de la LSE afirma que el futuro está en el intercambio de ficheros y que los actuales descensos en las ganancias pueden ser explicados por otros fenómenos. Bart Cammaerts y Bingchun Meng, del Deparatamento de Estudios Mediáticos de la LSE, indican que el manejo negativo del debate sobre descargas y protección a la propiedad intelectual daña a la industria creativa que, en teoría, debería ser estimulada por la legislación.

Comencemos por los números. En una década, las ganancias de la industria han disminuido de 26 mil millones de dólares a 16 mil millones. No obstante, la fijación con el intercambio de archivos ha obnubilado a los analistas sobre otros factores, principalmente el debilitamiento de la economía de consumo en esos años. Básicamente, con los aumentos de los servicios básicos, la vivienda y las tasas de desempleo, cada vez se destina menos dinero al esparcimiento.

Por supuesto, el argumento de la industria es que, al no tener dinero para comprar, los usuarios "se roban" los discos mediante descargas. Otra afirmación falsa. De acuerdo con un estudio de 2007, publicado en el Journal of Political Economy, la mayoría de la gente que descarga contenidos no lo compraría, aún si no lo pudieran compartir. Es decir, las descargas tienen un efecto en las ventas que, estadísticamente, es prácticamente cero. No obstante, la piratería sí representa hasta 20% del decremento. ¿Y lo demás? De acuerdo con los autores, se debe a que la gente prefiere comprar canciones en lugar de discos, así como el crecimiento de otras opciones de entretenimiento, como los videojuegos.

Otro argumento de la industria es que el intercambio de ficheros afecta los ingresos de los artistas. Tampoco, ya que los reportes indican que la mayoría del dinero proviene de las presentaciones en vivo. En 2009, las ganancias en el Reino Unido por concierto sobrepasaron a la venta de discos. Mientras que la industria discográfica ganó 1.36 mil millones de libras, los conciertos recabaron 1.54 mil millones. Así, la consecuencia es una cultura musical "efímera" que no privilegia la compra de discos, sino el descubrimiento y promoción de artistas a través del intercambio de ficheros. El ganador, por supuesto, es el músico, cuya banda puede vender más fechas en una gira gracias a la difusión de su música. El dinero se sigue gastando igual (o más), sólo que ahora se va a boletos de presentaciones.

Los autores sostienen que, si bien el nuevo modelo va viento en popa, los grandes sellos discográficos aún lo ven como actividades marginales. Pero esto está por cambiar. Con la proyección del crecimiento del acceso a Internet para 2015, muchos países de Medio Oriente, la África Subsahariana o el sudeste de Asia podrán entrar a la red. Por supuesto, el ingreso no les dará para comprar música, por lo que tendrán que descargarla. Ahí la disyuntiva.

Al final, ése es uno de los puntos centrales del debate en torno al intercambio de archivos en la industria musical. Entender que los tiempos están cambiando y evolucionarán aún más. Para las discográficas, se trata de entender que los países con economías emergentes tendrán pronto un papel todavía más relevante. ¿Qué hacer? ¿Encarcelar a la gente o presionar a la industria al modelo de consumo efímero? Los gobiernos tendrán que decidir pronto de qué lado se ponen -- incluso, desde el día de hoy.

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