El próximo 25 de marzo está marcado en rojo en el calendario de muchos tecnófilos. Por un lado quienes ansían hacerse con la revisión tablet más esperada de la historia (creo que no erro al afirmar tal cosa) y por otro los que llevan ya varios días envidiando a los más de 400.000 japoneses que tienen ya en su poder la nueva consola portátil de Nintendo.

Una vez Nintendo 3DS llegue al mercado, el advenimiento de las tres dimensiones al mercado del videojuego se habrá completado. Aunque Microsoft ya anunció la compatibilidad 3D de numerosos juegos en su decepcionante último Showcase, por todos es sabido que quien con mayor ahínco está intentando estandarizar la tecnología en sobremesa no es otra que Sony, deseosa de vender cuantos más combos Bravia/PS3 le sea posible.

Hasta la fecha, sin embargo, pocos han podido echarle el guante a uno de estos carísimos televisores, condenados a su extinción por la inminente proliferación de paneles 3D sin gafas. Suprimidas las engorrosas lentes y abaratados los costes, la tecnología tendrá una oportunidad de masificación, eso si no termina demostrándose una moda pasajera... en cuyo caso tanto Sony como Nintendo han equivocado las apuestas.

Un servidor ha podido experimentar las 3D tanto en sobremesa como a lomos de la consola de bolsillo de los de Kyoto. ¿Aportan algo realmente a la experiencia de juego? ¿garantizan comodidad tras la primera hora a los mandos? son quizas los dos grandes interrogantes que pululan a su alrededor. Lamentablemente, las respuestas que puedo dar no son resolutivas, antojándose cambiantes según cada cual.

Durante el pasado E3 de Los Ángeles dos títulos fueron protagonistas: Killzone 3 y Crysis 2. Sí, son secuelas muy esperadas, pero lo que terminó de sobreexponerlos mediáticamente fue su decidida apuesta por las tres dimensiones. Probados ambos, la mejor manera de describir la experiencia fue de sorpresa: el efecto tridimensional es cuanto menos espectacular, bastante más pronunciado de lo que pudiese parecer y aporta una sensación de profundidad sin igual. La consecuencia es un grado de inmersión pocas veces experimentado al que contribuye sobremanera la perspectiva genérica de ambos: shooters en primera persona.

Entonces ¿son las 3D la panacea videojugable que se presupone? sí y no. Por lo jugado, muchos otros títulos han sido decorados con una capa tridimensional bastante irrisoria, que lejos de aportar algo a la experiencia, encarece el producto final. Sí, ocurre lo mismo que con el cine: si un título no se ha planteado desde sus pilares para producirse en 3D, entonces nos encontraremos con una excusa injustificada. Amén de que, obviamente, hay géneros mucho más propensos a su adaptación que otros.

En cuanto a las 3D portátiles (sin gafas) la sensación es similar. Quiero decir, igual de impresionante cuando se aplica bien... como decepcionante cuando no es así. Aclarar que la tridimensionalidad con o sin lentes ofrece resultados muy similares, difiriendo tan sólo la mayor o menos confortabilidad que para unos u otros conlleve el no tener que llevar gafas o el propio efecto estereoscópico, que algunas personas podrán disfrutar durante horas sin inmutarse (otras se resentirán tras la primera media hora).

Estamos ante una tecnología que es muy conveniente probar, pues cada usuario es un mundo y su respuesta o apreciación pueden acabar variando diametralmente. Acercáos a cualquier punto de venta, sólo así podréis forjaros vuestra propia opinión.

Al final, como ocurre con todo, las 3D se estandarizarán o no en función a dos factores: su popularización social (que puede jugar en su contra cual moda caduca) y el aprovechamiento que de ésta quieran hacer los estudios de programación. Quede claro algo para terminar: si se saben aplicar, las tres dimensiones suponen un aporte impresionante a la experiencia videojugable.