Tras un debate en el Senado que ha durado unas cuatro horas no ha habido sorpresa alguna y la conocida a nivel popular como Ley Sinde ha sido aprobada (o dicho de forma más correcta revivida) en forma de disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible.

Durante el mentado debate, que hemos estado cubriendo en directo, la enmienda pactada por PSOE, PP y CIU para revivir la disposición final segunda tras ser tumbada en el Concreto el pasado 21 de diciembre ha monopolizado la sesión casi por completo; unos explicando por qué votarían contra la norma (José Manuel Pérez Bouza del BNG y Pere Sampol del PSM), otros defendiéndola (CIU y PSOE) y finalmente el Partido Popular que ha dado una de cal y otra de arena.

Concretamente el senador popular José María Chiquillo dedicó completamente su intervención a hablar de la Ley Sinde y en mi opinión la misma fue bastante contradictoria (lo que tampoco debería extrañar a nadie). Primero arremetió duramente contra la primera versión de la disposición final segunda, después se vanaglorió por la enmienda que reincorpora a la LES la Ley Sinde haciendo hincapié en la labor del PP para mejorarla --a su criterio--, y finalmente espetó que estamos ante un acuerdo de mínimos que seguramente no servirá para mucho y colapsará más el sistema judicial español.

¿Y ahora qué va a pasar? Pues una vez superado este escollo del Senado ahora la LES y la Ley Sinde de su interior pasarán al Congreso en unas cuatro semanas donde el nuevo marco será aprobado de forma definitiva salvo sorpresa política histórica. Después de eso, aproximadamente por el verano, la disposición final segunda comenzará a ser aplicada.

Dicho todo esto y a pesar de que todos sabíamos desde hace semanas que lo que hemos vivido hoy iba a ocurrir, tengo que confesar que me han amargado la semana. Ver como una legislación absurda e inútil avanza sin remedio hacia su puesta en marcha a pesar de toda la presión contra ella de la ciudadanía es verdaderamente exasperante. Pero por otro lado en estos momentos justamente lo que tenemos que evitar es la desesperación, ahora toca organizarse para seguir movilizándose contra la norma y sus impulsores, divulgar sobre propiedad intelectual, explicar por qué la Ley Sinde es un despropósito y proponer alternativas. No desfallezcamos, es nuestro deber.