"¿Necesitas fans para tu marca o empresa en Facebook? Garantizamos fans con el perfil deseado", reza [un anuncio](http://andresb.net/ab/snaps/6330444f1a4211e356736c2c2cd5872f.png) que recién [me topé en Twitter](http://twitter.com/#!/earcos/status/42243174609076224). **La venta de seguidores** es otro de los negocios jugosos que tienen muchas agencias de relaciones públicas, quienes han encontrado en la obsesión por los números [otra veta de oro](http://alt1040.com/2011/02/wikipedia-imagen-publica-y-memoria-colectiva). No es inusual que muchas figuras públicas como políticos, empresarios o artistas tengan esta extrañísima fijación con las cifras y ese dogma de que más es mejor.

En este sentido, muchas agencias se aprovechan de esta herencia positivista en la que **la estadística vence al análisis y el dato duro triunfa sobre la interpretación.** Herencia compartida, por desgracias, por muchos políticos mexicanos -- y no me extrañaría si hablamos de un mal extendido por América Latina. Se presume la cifra estratosférica, el número apantallador, sin dar pie a una explicación o un contexto. Es el mismo pensamiento que provoca la ilusión de que una elección se gana a golpe de encuesta o

Todo político quiere presumir que es el más seguido en Twitter o el que más amigos aglutina en Facebook. Es una cuestión básica de imagen pública, en la que **el número refleja (en teoría) el arrastre que tiene.** No se ve igual que tal o cual diputado tenga sólo 200 seguidores a que le persigan 40 mil. Desde esta perspectiva, lo que ofrecen las agencias es mejorar la imagen a través del aumento indiscriminado, el *acarreo* de los mítines políticos llevado a la esfera digital.

Sin embargo, al provocar este sesgo en pos de la apariencia, se sacrifica lo verdaderamente útil de las redes sociales: **su uso como diagnóstico de la realidad.** En este plano lo que importa es la influencia. No es cuánta gente escucha: se trata de quiénes son y qué tan fuerte resuenan tus palabras. Quizá el político de los 200 seguidores no tiene un alcance tan amplio, pero probablemente sea más profundo que el que ha comprado miles y miles de *follows*.

En cierto modo, me recuerda esa práctica incomprensible de comprar encuestas en los diarios. "Hay que proyectar que el candidato es fuerte", dicen muchos directores de campaña que desembolsan fajos de billetes para decantar la balanza hacia el que tiene más dinero. Entonces, las encuestas pierden confiabilidad y se convierten en un concurso de popularidad. **Se pierde su potencial para entender la realidad social** --y por ende, para corregir el rumbo si algo va mal-- y el político, con el ego rebosante, se ufana de ser el preferido del electorado, aunque sólo se trate de un ídolo de oro con pies de barro.

Con los seguidores comprados pasa lo mismo: el político podrá presumir que tiene montones de fanáticos, pero de poco sirve tener maniquíes en lugar de personas. Estoy cierto que el número proyecta una imagen, pero se desvirtúa el valor añadido de una buena gestión en redes sociales. La herramienta, concebida para recortar las distancias y promover el diálogo, termina en un soliloquio, una simulación en la que la forma derrota (por enésima vez) al fondo. Y, sobre todo, mientras impere el ego antes que la razón, **siempre habrá quien se llene los bolsillos de dinero ingenuo con la trata de seguidores.**

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7 Comentarios

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  1. Lo de los números y seguidores me recuerda a uno que tiene una red de blogs y siempre habla de los millones de visitantes y cuando entras a los blogs los post no llegan ni a 50 comentarios. y también a los que tienen mil amigos en facebook y siempre terminan chateando con los mismos 5 de toda la vida.

  2. Perdón pero esto no sólo sucede en la política, si no en la vida diaria de Twitter. Más seguidores significa «es bueno en twitter», lo sigues, y resulta ser malísimo.

    1. Es cierto que la popularidad es UN factor que influye al momento de votar, pero tendríamos que ser menos perezosos y buscar fuentes alternativas de información (Internet nos da esa opción) y no pensar que lo que dicen los dos o tres medios más importantes del pasí (sea el que sea) son la realidad indiscutible. Dejando la pereza de lado podemos equivocarnos igual, pero al menos ya no formaremos parte de la masa manipulable por unos pocos.

  3. Partamos del hecho que esa es una mala forma de pensar al momento de votar. Creo que uno debe tratar de encontrar un candidato o partido con quien identificarse (o al menos sentir que es más cercano a las propias ideas) y votar sin estar pendiente de las encuestas que en muchos casos (y cada vez más) suelen mostrar otra realidad por no decir una pura ficción.

    1. Entonces lo que habría que determinar es cómo piensa la gente a la hora de votar, o al menos que ideas o variables influencian su toma de decisión.

  4. Es verdad lo que dices, el ego se pone por encima de la razón e incluso la realidad.

    La única duda que tengo en el caso de los políticos es si realmente la compra de encuestadoras realmente altera la realidad. Es decir, si todas las encuestadoras me dicen que mi candidato no tiene ni el 5% de intención de voto, ¿será suficiente para cambiar mis intenciones y apostar por alguno de los punteros para no sentir que desperdicié mi voto?