Lo hemos visto, no es novedad: el gobierno egipcio, al entender que internet (y sobre todo las redes sociales) se estaban usando como herramientas tecnológicas de comunicación para ponerse de acuerdo en las manifestaciones que se estaban dando en las calles decidió, literalmente, apagar el internet en el país.

No sólo eso: se fueron contra Al Jazeera, les suspendieron las comunicaciones, lo mismo a CNN, a Televisión Española y un sinfín de medios de comuncación tradicionales. Aún así los egipcios logran conectarse a internet y expresarse. Aún así las televisoras logran hacer transmisiones en vivo y en directo desde Egipto.

Tal vez lo damos por hecho, tal vez es algo tan presente e "invisible" que no nos detenemos unos momentos para darnos cuenta la importancia de las épocas en las que vivimos; no es acerca de la posibilidad de acceso a herramientas tecnológicas que nos permiten llegar a todo el mundo, sino que estamos llegando a un punto en que es imparable. Se están acabando los países con gobiernos totalitarios que pueden impedir el libre tráfico de información.

Quedan pocos bastiones, pocos son los países donde realmente no hay forma de tener acceso a toda la información que hay en internet. La gran muralla virtual de China es fácilmente burlable con un VPN o un Proxy. Los cubanos han encontrado formas de conectarse, navegar libremente y publicar contenido. Los egipcios lograron escapar del apagón de internet por medio de conexiones a internet dial-up y herramientas como la que Google ofreció para hacer llamadas telefónicas y convertirlas a tweets.

Es una época increible en la que, con herramientas tecnológicas en la mano y a disposición de los ciudadanos, se ha creado una corriente que nadie jamás podrá parar. No hay gobierno que pueda controlar el internet, no hay corporación que pueda controlar el internet, no hay ningún elemento gubernamental, jurídico o administrativo que pueda controlar el internet.

El acceso universal a la información nos está convirtiendo en una sociedad muchísimo más democrática, libre, abierta, conocedora, entendedora. Estamos perdiendo el miedo a expresarnos por muy inquisidor que sea el gobernante de turno. Aún hay mucho trabajo que hacer, sobre todo en algunas partes de África, Centroamérica y Sudamérica, pero es una tendencia imparable.

Por eso es tan importante no permitir que un gobierno amenace con la libre expresión y libre información de datos en internet. Sea en Egipto para desarmar manifestaciones o sea en España para mantener contentos a unos cuantos empresarios al frente de compañías audiovisuales por medio de la Ley Sinde. Demostremos a nuestros gobernantes, sea donde sea que nos encontremos en el mundo, que no dejaremos, bajo ningún concepto, que nos limiten el acceso a la información y el acceso a las herramientas tecnológicas que nos permiten expresar en todo el mundo.

Hacerlo, exigirlo, no es un derecho, es un deber que todos tenemos.

Foto (CC): Jacob Bøtter