Hay pocas cosas que son tan poderosas como las imágenes de la revolución de un pueblo, pero en una tan hiperconectada como la que estamos presenciado ahora en Egipto nos encontramos frente a un fluir constante de fotografías, vídeos y textos que nos intentan contar una realidad fragmentada y difícil de entender en su totalidad.

Pero en ocasiones hay una imagen que puede explicar con más sencillez una realidad que ese torrente inacabable de imágenes. La fotografía de una mujer que besa a un soldado tiene la fuerza de imágenes de pasadas guerras y revoluciones. Igual que la joven colocando margaritas en los rifles, o la niña quemada por Napalm avanzando hacia la cámara; esta fotografía está llena de sentido y su sencillez es poderosa.

La mujer que besa al soldado logra encontrar al ser humano detrás del instrumento del gobierno, con un beso de madre está acercándose a todos los soldados, a todos los hijos a todos los que se ven obligados a enfrentarse al pueblo. Y el soldado lo sabe, se da cuenta. En su mirada se ve que entiende lo que esta ocurriendo. La situación que su cargo, su rango, sus órdenes lo han forzado a tomar se revelan dentro suyo con un sentido nuevo. También es posible ver en su mirada cómo él se da cuenta que todo eso ya es en vano. Que el gobierno está cayendo y que el pueblo tiene una nueva presencia. Con aquel beso él se da cuenta que el estado que le da órdenes ya ha perdido.

La fotografía resume en una imagen una realidad, una cultura, un problema y hay tanta fuerza en aquel beso, como en los ojos del soldado. Unos ojos brillantes, que comprenden muy bien lo que está ocurriendo. La fotografía es de Lefteris Pitarakis de Associated Press.

Via: MSNBC

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