El 8 de febrero de 1996, hace exactamente 15 años, John Perry Barlow escribió la Declaración de Independencia del Ciberespacio, un documento en el que se dirigió a los gobiernos reunidos en torno al Foro Económico Mundial para decirles esto:

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.

La Declaración fue escrita como respuesta a la Ley de Telecomunicaciones impulsada por los EE. UU. ese mismo año, que tal como hemos visto a últimas fechas se trataba de una reforma de ley impuesta básicamente por ignorantes, por "iletrados que quieren decirnos qué leer", qué y cómo consumir.

Los ideales de Barlow siguen vigentes porque seguimos eligiendo gobiernos --interfaces de los lobbies de la propiedad intelectual y otros grupos de poder-- que tiranizan a su antojo la cultura e Internet, y es que

No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

Internet es la herramienta más importante jamás creada para la humanidad. Es un entramado de comunicaciones, de redes sociales donde cualquiera puede iniciar una revolución; la gran máquina de reproducir información donde no hay centro y la humanidad es más extensa. Internet es el ciberespacio que

está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte, pero no está donde viven los cuerpos.

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

Y el ciberespacio es donde la humanidad percibe colectivamente lo intangible, donde los bits se copian y transportan con tanta naturalidad como las palabras del idioma, donde los

conceptos legales [de los gobiernos] sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

Hoy la Declaración de Independencia del Ciberespacio es vigente en sus principios, una colección de ideas que no deben olvidarse y uno de los documentos más bellos dedicados a Internet; allí se describe y defiende esa utopía de la

civilización de la Mente en el Ciberespacio [...] más humana y hermosa que el mundo que vuestros gobiernos han creado antes.

Traducción: sinDominio | Foto: Wikipedia

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