Está de más hablar de la extinción del videoclub, aquella prehistórica tipología de establecimiento en la que pagábamos una modesta cantidad por llevarnos a casa un pedazo físico de filmografía. La progresiva conversión de nuestros salones en centros multimedia online ha hecho que sonriamos al recordarlo.

Sistemas de entretenimiento como la Xbox 360 de Microsoft y su bazar Zune o Playstation 3 a través de su propia Store, comienzan a estandarizar el proceso de alquiler en alta definición por streaming, ofertando catálogos tan amplios como variados: desde los últimos estrenos a los grandes clásicos, disponibles las veinticuatro horas a golpe de botón.

No obstante, en una sociedad cada vez más habituada al visionado sin cargos, modelos como los expuestos están encontrando serias dificultades para prosperar. ¿Qué deberían ofrecer las plataformas digitales para poder competir, no ya con Internet, sino con el decadente mercado físico?

Es lo que se están preguntando la mayoría de productoras, medianamente contentas con las cifras de alquiler, pero no así con la compras. La reticencia adquisitiva de contenidos virtuales a perpetuidad sigue siendo elevada, tal vez por la inherente atracción humana hacia el acopio material. Puede que Sony Pictures haya dado con la solución: ¿y si sólo en formato digital se habilitasen ciertas funcionalidades que ya quisiera para sí el mercado del DVD?

La conectividad propia de la mayoría de lectores Blu-Ray tiene mucho que ver, siendo éste un soporte que tampoco termina de arrancar y donde, paradójicamente, no es la alta definición lo que más atrae a los consumidores, sino la interactividad online (con actualizaciones periódicas de contenido adicional inclusive) que ofrecen muchas películas.

Como sabemos, la celebérrima iTunes Music Store se ha ampliado recientemente con una interesante oferta cinéfila y televisiva que ha dado sentido al otrora patito feo de los de Cupertino: el Apple TV. En dicha tienda de vídeo será donde, al menos de inicio, Sony implemente una serie de características exclusivas de toda compra.

Tremendamente atractiva resulta, por ejemplo, la posibilidad de buscar un segundo concreto de película tecleando alguna palabra de sus diálogos. Otra opción apuesta por la interactividad con redes sociales, permitiéndonos compartir con nuestros contactos fragmentos seleccionados de la producción. No faltarán tampoco los enlaces a compra en iTunes de cada uno de los temas que compongan la banda sonora.

¿Conseguirá dicha estrategia de diferenciación pintar de optimismo el futuro de la distribución cinematográfica digital?

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