Ayer, mientras saltaba de un taxi a un aeropuerto, después a un avión y por último a un shuttle (el recorrido que hago habitualmente cuando estoy en Madrid y vuelo a Amberes, Bélgica, me mantuve absoluta y totalmente informado de la revolución que sucedía en Túnez, que aunque parezca lejano, está bastante cercano a España.

Pero hubo un tweet en particular que me marcó bastante y me dejó pensando durante horas, escrito por Shira Lazar:

RT @Galrahn: I just watched a government fall on Twitter while #CNN interviewed the Jeopardy host about a robot contestant.less than a minute ago via TweetDeck

O traducido al español:

He visto (en tiempo real) como un gobierno cae en Twitter, mientras #CNN entrevistaba al conductor de Jeopardy acerca de un concursante robot.

Sería tanto idealista como exagerado tan solo pensar que Twitter o los medios sociales son responsables únicos de que se haya gestado y llevado a cabo una revolución que depuso a un gobierno de un país. Sí, de acuerdo a un revolucionario de Túnez, las redes sociales funcionaron como un excelente canal de comunicación para organizarse. ¿Pero esta es una revolución que pudo haberse llevado a cabo sin internet? Sí.

Este artículo no es acerca de ello, es acerca del valor informativo invaluable que herramientas como Twitter nos están dando para enterarnos y saber, en tiempo real (literalmente), de un evento actual. Un elemento fundamental para el impulso de una sociedad hiperconectada que está aprendiendo a tener una mejor conciencia de lo que pasa en el mundo. Es el efecto de "pueblo pequeño" del cual hablé hace un par de años en el Evento Blog 2008. No es necesario encender la TV, buscar el periódico, levantar el teléfono cada 20 minutos para enterarnos de lo que pasa a nuestro "alrededor social". Es información que fluye constantemente a la pantalla de nuestra computadora, a la pantalla de nuestro smartphone, de nuestros iPads, de nuestros dispositivos móviles.

Pero me parece increíble que nuestro circulo social, a medida que va creciendo, incluye información de este tipo de grandes sucesos al punto de poder enterarnos y ser testigos, por medio de internet, de cómo un país cae. En tiempo real.