Julian Assange, fundador y director de WikiLeaks, se perfila como un fuerte candidato para ser nombrado como el personaje del año de TIME. Hace un par de semanas, la votación en línea de esta revista lo colocaba líder en la preferencia popular, por adelante de figuras como el presentador Glenn Beck, los comediantes políticos Jon Stewart y Stephen Colbert, la artista pop Lady Gaga, o el grupo de 33 mineros chilenos atrapados. Si bien los editores de TIME no están obligados a hacerle caso a esta encuesta, sí demuestra que existe bastante apoyo para el australiano -- y eso que aún no eran liberados los 250 mil cables diplomáticos.

Hace unos días, pensé en voz alta que TIME tiene una oportunidad histórica para reconocer a WikiLeaks (ojo, no a Assange) como el personaje de 2010. No sería la primera vez que se otorga este honor a un grupo o asociación descentralizada. Ya en 2006, la revista decidió salomónicamente dar el reconocimiento a todo mundo (a tí, a mí, a todos), como una alegoría a los cambios derivados por Internet. Bajo esa perspectiva, no parece descabellado pensar que WikiLeaks tiene amplias posibilidades de quedarse con este mérito.

Lo que sí me parecería un desatino sería nombrar sólo a Julian Assange (y no a toda la organización) como personaje del año. Estoy de acuerdo que su figura ha resultado crucial en el desarrollo, crecimiento y consolidación de WikiLeaks, pero otorgarle este reconocimiento es mandar el mensaje equivocado. Más allá de los escándalos sexuales -- ahora con la Interpol encima --, las renuncias al interior de la organización o sus roces con Wired, sería una pifia enorme centralizar toda la labor de las filtraciones en una persona. A propósito, quiero rescatar un comentario de un lector que ilustra perfectamente este problema:

En el momento en que le pusimos [a WikiLeaks] una cara, un nombre y apellidos -el de Julian Assange-, dejó de ser un ente neutral, y fue cuando empezamos a cuestionarnos sus motivaciones.

¿Por qué sería importante este nombramiento? El domingo comentaba en Twitter la académica Gabriela Warkentin que una de las aristas que habría que examinar con detenimiento es como los diarios seleccionados por WikiLeaks legitiman la información de las filtraciones. Yo me atrevo a añadirle un pequeño giro a la discusión. ¿No significaría el reconocimiento público de TIME un acto de legitimación a la labor de la organización? Después de todo, la connotación es mayormente positiva -- aunque vale recordar que George W. Bush se ganó la portada de 2004; y Vladimir Putin en 2007, así que no es regla.

¿Se atreverá TIME a reconocer a WikiLeaks? Los editores están ante una disyuntiva considerable. Por una parte, está el apoyo popular que reciben tanto Assange como la organización; del otro, toda la presión política por declarar las filtraciones como un acto ilegal (e incluso, calificarlas como terrorismo). TIME tiene el poder (y la responsabilidad) de decantar un poquito más la balanza hacia algún lado. ¿Cuál pesará más? Ya lo sabremos pronto.