No puede negarse que 2010 ha sido uno de los años más prolíficos en calidad y cantidad de lanzamientos que el sector del videojuego recuerda. El número de imprescindibles en todas las plataformas supera por mucho a los cinco elegidos que en ALT1040 hemos querido destacar como mejores producciones de ocio electrónico del año. En todas ellas queda constancia de la madurez de los actuales sistemas de entretenimiento, que viven su momento más dulce ya no sólo por superar techos técnicos que creíamos resolutivos, sino también por la introducción de las nuevas tecnología de detección por movimiento (Kinect y Playstation Move) que a día de hoy ofrecen más promesas de grandeza que otra cosa.

5. Castlevania: Lords of Shadow

Cuando Konami se fijó en cierto material de los españoles Mercury Steam, no lo dudó: encajaba perfectamente dentro un universo un poco alicaído que otrora les había reportado notorios beneficios. Castlevania necesitaba un soplo de aire fresco y los desarrolladores de Jericho parecían idóneos para ello. La tarea era arriesgada y muchos fanáticos de la franquicia podían haber puesto el grito en el cielo ante el más mínimo sacrilegio, pero la respuesta ha sido unánimemente positiva.

La dramática road movie de Gabriel encandila por un apartado gráfico de excepción, donde destacan tanto el efecto de la lluvia al calarnos como las coreografías látigo en ristre. La banda sonora raya a un nivel exquisito y las cinemáticas tienen ese inconfundible toque Kojima (productor del proyecto) que tanto nos maravillaron en Metal Gear Solid 4. No es un God of War más, como muchos quisieron tildarlo a priori, sino un compendio de plataformas, puzzles y combates de profunda sustancia argumental.

4. Red Dead Redemption

Con Red Dead Redemption, Rockstar ha conseguido pulir la fórmula que emprendiese en Grand Theft Auto 3 hasta engendrar el que bien pudiese ser sandbox (o juego de mundo abierto) definitivo. Cambiemos las urbes repletas de delincuencia y prostitución por el lejano oeste y cabalguemos en busca de forajidos a los que ajusticiar. Eso es lo que nos ofrece el mejor western pasado por una consola, que no podía haber escogido otro género para irrumpir.

No sólo os sorprenderá la magnitud de los escenarios, sino también su variedad. Aldeas, parajes desérticos, rocosos cañones y montes nevados nos aguardan repletos de misiones por completar, generalmente justificadas en una de las tramas más elaboradas que hemos disfrutado. Muchas horas y mucho que hacer (también con amigos en una de las mejores experiencias multijugador del año) en el juego más aclamado del año por crítica y público.

3. God of War 3

Kratos, Dios de la Guerra, llegó a Playstation 3 dispuesto a terminar lo que empezó en sus dos excelsas entregas anteriores. Ingenuos de nosotros si pensábamos que iba a hacerlo a la chita callando, pues este sangriento beat'em up no es sólo el mejor del año, sino también el título más espectacular que hayamos tenido el placer de degustar en toda nuestra historia a los mandos. Semejante afirmación no es nada gratuita: God of War 3 toma el esquema clásico del videojuego y lo retuerce, trayéndonos al comienzo de la aventura un climax propio de su final que prolonga hasta la verídica conclusión.

El de Santa Mónica Studios es uno de los juegos más impactantes en lo visual, especialmente por las situaciones en que nos inmiscuye: escalar por las uñas de un Dios cual pulgas en el lomo de un perro y arrancárselas de cuajo es sólo un ejemplo. Puede acusársele de puzzles demasiado simples o linealidad, pero por las venas del protagonista no corre más que furia y el haber sabido plasmarla con tal contundencia hace de ésta una experiencia que no podéis dejar escapar.

2. Assassin's Creed Brotherhood

A muchos sorprenderá la presencia del tercer Assassin's Creed en esta lista, máxime en segunda posición. No debe hacerlo. Suprimid los prejuicios con que encaramos lo que empezó siendo una expansión multijugador y preparáos para disfrutar con uno de los juegos del año. Dieces por doquier se ha llevado la continuación de las andanzas de Ezio Auditore, repletas de intrigas, pasiones y ese toque de ciencia ficción vía Desmond Miles que aporta unidad a la franquicia.

Brotherhood arranca allí donde nos dejó AC:2, potenciando hasta lo insospechado todo lo que nos maravilló de éste. Gráficos mejorados, narrativa mucho más envolvente, nuevo y adictivo sistema de reclutamiento de asesinos y una amplísima Roma recreada con todo detalle. Las horas volarán sin que nos demos cuenta, ensimismados en un ir y venir por tejados y monumentos (muchos de los cuáles ahora podremos adquirir y reconstruir). La Hermandad termina de convencer con varias modalidades multijugador de lo más original, perfectamente integradas en el universo del juego. Fue uno de los títulos mejor puntuados este año en Ecetia (9.6/10) os invitamos a descubrir por qué.

1. Heavy Rain

He aquí el grande entre los grandes de 2010. La obra maestra de Quantic Dream y David Cage. La exclusiva que todo sistema hubiese matado por agenciarse y un título que, pese a su grandeza, no ha trascendido tanto como debiese. Acusado por muchos de película interactiva, Heavy Rain es una aventura cinemática repleta de Quick Time Events, en la que cada falso movimiento nos lleva a una conclusión diferente. Numerosos finales aguardan en función de nuestras decisiones y os aseguramos que cada una de ellas pueden llegar a haceros dudar no pocos minutos.

La clave está en la empatía con los personajes. Llegamos a sentirnos muy identificados con cada uno de ellos, que pese a algunas robóticas animaciones reflejan sus emociones como nunca antes se ha visto. A los pocos minutos de juego sentiremos la angustia por el hijo desaparecido, la adrenalina de esa persecución policial o la frustración del detective que no parece dar con la tecla correcta.

Desenmascarar al asesino del origami, eso es lo único que importa y Heavy Rain nos lo hace entender a la perfección. Pocas veces un servidor se ha implicado tanto con un juego que, además, ha hecho historia al demostrar que cine y videojuegos también pueden darse la mano sin fracasar en el intento.