En el marco de la Semana de la Ciencia y la Innovación de la Ciudad de México, Armando Ahued, secretario de Salud de la capital, anunció que el gobierno local ha decidido apoyar y promover la homeopatía y la acupuntura con una inversión de 18 millones de pesos (cerca de un millón 108 mil euros) en la remodelació y equipamiento de una clínica. La justificación del funcionario es que ambas técnicas son ampliamente reconocidas, y niega que se traten de pseudociencias.

Ahued apela a que estas técnicas han sido utilizadas durante milenios, un argumento endeble que se denomina ad antiquitatem o apelación a la tradición. La homeopatía ha recibido numerosas críticas y es considerada como una charlatanería, ya se basa en «la memoria del agua», sin ninguna base experimental ni sustento científico. De hecho, gran parte del mérito de esta técnica se debe al efecto placebo que produce en quienes consumen estos productos.

Del lado de la acupuntura, sí se ha demostrado cierta efectividad para el tratamiento de dolencias muy específicas. A pesar de la limitada evidencia clínica que existe, la Organización Mundial de la Salud ha instado en las últimas décadas a experimentar con esta disciplina, con el afán de acreditarla o refutarla. Aún así, el concenso general tampoco descarta que los resultados positivos puedan ser producidos también por efecto placebo.

Hasta ahora, la acupuntura ha demostrado ser eficaz en casi 50 enfermedades, y fue declarada hacía unos días como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. No obstante, la acupuntura no es reconocida como una cura, sino principalmente como un paliativo en enfermedades crónicas y un complemento en el tratamiento del dolor. Afirmar que la acupuntura es una solución es tan descabellado como decir que la morfina cura el cáncer sólo porque reduce el sufrimiento del paciente.

Pero Ahued no es el único que está a favor de la homeopatía y la acupuntura. También Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM, considera que ambas técnicas deben ser respetadas como ciencias. No obstante, la académica aplica un doble estándar, pues en su intervención critica a los productos milagro (¡hola, Power Balance!), pero defiende un par de disciplinas que no ha sido acreditadas como válidas por la comunidad científica.

Bien lo resume Hugo Torres, editor de Vivir México, al comentar la ponencia de Rosaura Ruiz:

Si bien esto no es igual a la acupuntura o la homeopatía, si tienen algunas cosas en común: las dos tienen un porcentaje de eficacia muy bajo y los dos explotan la ignorancia de la gente. ¿Cuál sería la diferencia entre Jaime Maussan, los brujos de Catemaco, los astrólogos, los vendedores de productos milagro y los médicos de la acupuntura y homeopatía? Desde luego, estos dos tipos de medicina deben ser respetados; pero estoy totalmente en contra de que el Gobierno los apoye sin que existan pruebas científicas sobre su eficacia.

Parece que en todas partes se cuecen habas al respecto del apoyo a estas creencias. Recordemos que Leire Pajin, ministra de Sanidad de España, fue recientemente fotografiada portando una Power Balance. Ojalá que, al igual que la protesta en la Universidad de Zaragoza contra la cátedra de homeopatía, aquí también tuviéramos un manifiesto para liberar de la pseudociencia a nuestras casas de estudio -- y por supuesto, a nuestras dependencias de gobierno. Vaya que de este lado del mundo nos hace falta.

*Agradecimientos especiales a nuestros colegas de Espejo Escéptico, quienes cuestionaron de frente a Armando Ahued y a Rosaura Ruiz.