El Departamento de Defensa ha prohibido a sus tropas el uso de CDs, DVDs, memorias USB, y cualquier otro dispositivo de almacenamiento portátil. De acuerdo con una orden girada por Richard Webber, mayor general del ejército de Estados Unidos, se les exige a los soldados cesar de usar estos dispositivos en cualquier sistema, servidor o máquinas independientes conectadas a la SIPRNET. La prohibición va con todo rigor: los que incurran en esta falta podrían llegar hasta la corte marcial.

La orden demanda que las fuerzas armadas dejen de transferir información en dispositivos externos. Además de las prohibición de discos, el Pentágono ha mandado la instrucción de inhabilitar a las computadores para que escriban información en cualquier formato portátil. Cerca de 60% de los ordenadores militares ahora están conectados al Host Based Security System, una red que supervisa cualquier comportamiento anómalo.

De acuerdo con Wired, una fuente interna comentó que estas nuevas disposiciones harán aún más difícil el trabajo. La mayoría de las computadoras con información clasificada se encuentran desconectadas de la red, por lo que un DVD o una memoria USB era la forma más sencilla de compartir información. Las implicaciones son fuertes: así como se proyecta que las filtraciones harán más complicada la cooperación entre dependencias gubernamentales, es de esperarse que la dificultad para intercambiar datos sensibles retrasará las misiones y los despliegues.

Sé que muchos de ustedes saltarán de júbilo al pensar que esta nueva disposición hará que el ejército de Estados Unidos sea menos eficaz en el terreno. Bueno, permítanme recordarles que esta información permite también otras actividades, como la cooperación en la procuración de justicia, la colaboración internacional, o la acción rápida en caso de emergencias y desastres naturales (DN3). La culpa, por supuesto, no es ni por asomo de WikiLeaks. No: el Departamento de Defensa está disparándose en el pie en un afán por mantener el control férreo de la información.

Tal como sospechábamos, las filtraciones son un pretexto excelente para promover medidas de censura y represión, bajo el argumento de mantener la seguridad y el orden. Sin embargo, será cuestión de tiempo para que se vea que ciertas reglas no sólo son inútiles, sino contraproducentes. El camino aún es incierto, pero de algo estoy seguro: las instituciones deben comprender que hacer más opaco el acceso a la información no es la ruta.

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