Los asiduos de ALT1040 que suelan pasarse por Ecetia recordarán el interesante debate sobre piratería que mantuvo su redacción en una de nuestras perspectivas editoriales. Venía a sostener lo siguiente (lo sigo haciendo de hecho):

La piratería es totalmente perjudicial tanto para la industria como para el usuario por mucho que éste se empeñe en no verlo. Y no valen como excusa los altísimos precios del software, que sí, son excesivos y deberían rebajarse sustancialmente, lo que no justifica en ningún caso que despreciemos el trabajo que durante años muchos estudios han llevado a cabo para traernos grandísimas obras maestras como las que estamos viendo de unos meses a esta parte.

El que uno no pueda permitirse comprar muchos juegos no debe ser así justificación para recurrir a las copias ilegales pues, si lo pensamos, no es que se lancen tantos juegos imprescindibles al cabo del año como para no poder afrontar su compra. Y aún cuando no pudiéramos costearlos todos, siempre es preferible hacernos con cuatro juegos originales tras los cuales ha habido todo un ilusionante proceso ritual de selección, ahorro, adquisición y “degustación” (al menos en nuestros más tiernos años) que tener acceso a un número ilimitado y no atender más de cinco minutos seguidos a cada uno de ellos, tónica general del consumidor pirata.

Y es que la piratería asesina la ilusión del jugador, hace que éste valore mucho menos el producto que tiene entre manos, mina su capacidad de diversión y al mismo tiempo supone un lastre económico importante no ya a editoras y distribuidoras sino a los propios estudios de desarrollo, cuyo esfuerzo y buen hacer rara vez se ven recompensados.

Este discurso, con el que por supuesto muchos estarán en completo desacuerdo, viene al caso por una curiosa iniciativa de Ubisoft que, harta de esta lacra, ha decidido tomar una medida de lo más peculiar.

En sus últimos títulos de PC, los galos han venido implementando un criticado sistema de protección DRM que echa por tierra las partidas de aquellos jugadores que no estén conectados a Internet. Cualquier caída de la conexión, intencionada o no, provoca tan funestos como repentinos cierres de sesión ante los que no hay pero que valga: si los servidores no puede comprobar constantemente que jugamos con una copia original, nos penalizan sin miramientos.

Dispuesta a no perder notoriedad en la cuestión, la editora ha recuperado la pasión mundialista, modificando el código de su Michael Jackson: The Experience DS de tal modo que si éste detecta que jugamos a una ROM en lugar de haber pagado religiosamente, un molesto canto vuvuzelar atrona los altavoces de nuestra portátil.

Siendo optimistas, los piratas podrán disfrutar de una exclusiva versión de Thriller con sabor africano, aunque difícilmente puedan llegar a catar el gameplay, pues los indicadores en pantalla desaparecen haciendo aún más frustrante la experiencia.

No me sorprendería que el resto de compañías siguieran el ejemplo de Ubisoft en el futuro... aunque ello implique el hackeo de sus propios juegos.

Vía: MCV