La raza mutante está perdida. Su única esperanza yace en la voluntad y el intelecto de Hank McCoy. X-Men: Endangered Species es una representación de la ciencia como un ejercicio de fe. Escrita en 2007, esta saga cuenta los esfuerzos de Beast por encontrar una cura a la desaparición del gen mutante tras los sucesos de House of M (2005). Su camino no es un lecho de rosas: el peludo científico deberá buscar la solución en los lugares más recónditos y con los personajes más deleznables del universo Marvel.

Tras la desaparición del gen mutante por un hechizo de Scarlet Witch, el número de mutantes ha quedado diezmado de cientos de miles a menos de dos centenares en todo el mundo. La mutandad enfrenta su propia extinción como especie, por lo que Beast recurre a superhéroes brillantes como Reed Richards, Tony Stark o Hank Pym para hallar una respuesta, sin éxito alguno. Tras el fracaso, Beast declara en una videoconferencia que está dispuesto a ceder algunos de sus descubrimientos a cambio de la más mínima pista para su investigación. "Ya les he vendido mi alma, caballeros. ¿Quién de ustedes quiere salvar la suya?", implora a un grupo de supervillanos de la talla de Dr. Doom ("Lo siento, pero la biología no es mi fuerte") o Mr. Sinister ("Tienes delirios de suficiencia si crees que someteré mi intelecto al tuyo")

Su búsqueda lo lleva a Neverland, un antiguo complejo en el que se hacían experimentos inhumanos con mutantes. Los guiños hacia la historia de la medicina del nazismo son evidentes -- casi diría que arquetípicos. Allí se topa con Dark Beast, su contraparte de una dimensión paralela, con un intelecto similar pero sin escrúpulos ni remordimientos. Esta dualidad es una metáfora obvia de la ética de la práctica científica: la búsqueda del bien común con(tra) los sacrificios éticos por el progreso del conocimiento. Ambos, tan disímiles pero tan iguales, deben fraguar una tregua para colaborar en la investigación.

La tensión entre los métodos de Beast y Dark Beast explora varios dilemas bioéticos como la fascinación científica, la experimentación, o la exploración del límite moral en la consecución del bien superior. Beast decide separarse de su contraparte después de que Dark Beast le inyecta a un niño con ADN necrotizado. "Soy un hombre de ciencia. Aunque no lo parezca, ésta es una decisión razonada", explica el mutante azul a los lectores mientras propina una golpiza a su versión alterna.

Su búsqueda termina conduciéndolo con Doctor Strange, quien le muestra que lo que la magia de Scarlet Witch ha creado no puede ser deshecho con la ciencia. Beast se ve a sí mismo en numerosos universos paralelos, recurriendo en cada uno a métodos diferentes como la religión, la fe o la violencia.** La ciencia, entonces, queda reducida únicamente a un camino más**, tan válido (o inútil, como se le vea) como cualquier otro. Beast se va, resignado y derrotado, de regreso a Neverland, donde da sepultura digna a todos los cadáveres.

X-Men: Endangered Species muestra uno de los lados más humanos de la ciencia, exponiéndola como una creencia sofisticada sobre la verdad del mundo. Beast coquetea en el limbo de la ética, en el filo de la navaja de la deshumanización del método, las elecciones racionales, o la objetividad científica. Al final, la extinción mutante funciona como una poderosa alegoría de la ciencia como esperanza, y en última instancia, justifica que en ese mundo -- como tantas veces en el nuestro -- el poder de la razón se base en creer.