Así de simple: **Wafaa Bilal**, profesor de la [NYU Tsich School of Arts](http://www.tisch.nyu.edu/), **se implantará una cámara en la cabeza**. La cámara estará en la parte posterior y le será colocada mediante una cirugía en las próximas semanas. La cámara detrás de Bilal **capturará imágenes cada minuto, al tiempo que son enviadas al monitor de un museo en la ciudad de Catar** –vaya, no pensé usar esta nueva ortografía tan pronto–. La pequeña cámara se colocará con la ayuda de una pieza tipo _piercing_.

Bilal es originario de Irak e imparte clases de fotografía e imagen. Algunas de las primeras reacciones ante tan singular proyecto tienen que ver con la **privacidad** de sus alumnos y, por supuesto, de todas las personas que de forma inadvertida paseen a sus espaldas. Todos ellos se convertirán en **piezas de museo** una vez captados por la cámara.

El trabajo artístico de Bilal se llama «El tercer yo» (_The 3rd I_) y pretende ser «un comentario sobre la inaccesibilidad del tiempo, y la falta de habilidad para capturar la memoria y la experiencia». El museo al frente del proyecto es el [**Mathaf**: Museo Árabe de Arte Moderno](http://www.mathaf.org.qa/). Y, según la información obtenida por el [Wall Street Journal](http://online.wsj.com/article/SB10001424052748703670004575617083483970398.html?mod=WSJ_hp_MIDDLENexttoWhatsNewsTop), la obra de Bilal podría inaugurar el Mathaf; de ser así, estará en exhibición durante un año a partir del siguiente mes.

¿Permitirías que Bilal esté al frente de tu clase mientras registra cada minuto de tu vida allí, para luego ser expuesta frente un grupo de extraños en otro continente? Si Bilal documenta algo que no quieres que sea visto, ¿de qué forma reclamarías con sólo un minuto para evitarlo? No quiero ni pensar que sucederá en situaciones más, digamos, íntimas…

Esto me recuerda a un proyecto artístico de intenciones diametralmente opuestas: el [**Camerahead**](http://www.aclufl.org/cameraheads/). Donde un grupo de artistas salen a las calles con cámara por cabeza para llamar la atención ante la creciente presencia de cámaras en sitios públicos, y la **invasión a la privacidad** de las personas que eso representa.

Cabe mencionar que Bilal es el mismo que en el 2007 se confinó durante un mes en un museo, donde podía recibir disparos tipo Gotcha a través de un sitio web: «Shoot an Iraqi».

En 2008, insertó un avatar de sí mismo en un videojuego que actuó como un _hombre bomba_ asesinando a George W. Bush: «Virtual Jihadi».

¿Balil está loco? Puede ser. Sin embargo, su inusitada insistencia en llevarnos a las fronteras de _la vida moderna_ nos obliga a realizar una necesaria reflexión sobre nosotros mismos –libertades, restricciones–, y a alejarnos de esa peligrosa enfermedad social que es **la indiferencia**.