El modelo P2P fue durante mucho tiempo la panacea para la adquisición y distribución de archivos en la red. Cuando surgió Napster todos experimentamos la búsqueda y descarga de MP3 como un proceso placentero nada más por sencillo y veloz. Ya no teníamos que usar metodologías de Sherlock Holmes con buscadores como Altavista para hallar sitios de descarga directa de música que, para colmo, eran poco confiables--. Napster nos entregó la interfaz definitiva de búsqueda y descarga.

Como bien sabemos, Napster murió --por cierto, un saludo a Lars Ulrich--. Claro que luego llegaron Audiogalaxy, Kazaa y demás. Los sistemas P2P de primera y segunda generación nos brindaron años de constante alegría --y también molestias, por la distribución colaborativa de virus--. Sitios como Limewire son (¿eran?) un vestigio de aquellos viejos modelos.

Por suerte, la evolución del protocolo BitTorrent y su creciente número de clientes dieron vida a una generación P2P aún más descentralizada --incensurable, incontrolable, orgánica--, para la distribución de archivos. Es así que un buen día, casi sin planearlo, The Pirate Bay se convirtió en el puerto de millones de usuarios cargados de tesoros digitales: los benditos torrents. --Mención aparte merecen los valores culturales, ideológicos y quizá revolucionarios del movimiento surgido en algún lugar de la helada Suecia.-- BitTorrent conquistó internet y lo hizo para quedarse, le pese a quien le pese.

Por otra parte, a la par de la explosión del modelo P2P, vimos aceleradas mejoras en los dispositivos de almacenamiento y las tecnologías de comunicación. Estos dieron pie a anchos de banda sin precedentes para miriadas de internautas ávidos de información. El Dial-up fue reemplazado por conexiones DSL aún más veloces --bueno, eso depende del país y el ISP...--. Y los megabytes se volvieron tan asequibles, tan baratos, como un boleto para el cine y una hambuguesa, por decir algo.

Surgieron servicios de one-click hosting como Rapidshare, Megaupload y MediaFire. Los usuarios hartos de esperar días, quizá semanas, la llegada del seed de BitTorrent que completase su descarga de 4.7 GB, voltearon la mirada a ese nuevo modelo: subir y compartir en la nube con la sola complicación de un CAPTCHA.

Un modelo centralizado no podría soportar la carga de millones de peticiones por un archivo, pero ¿qué tal una nube? ¿qué tal un sistema distribuido de almacenamiento escondido para el usuario, controlado de forma central, sí, pero más rápido, confiable, expedito? Esta es la razón por la que los one-click hosting son los preferidos de los fansubs de Anime, por ejemplo.

Como les decía, para algunos puede resultar incómodo, lento y poco variado en los contenidos que ofrecen ciertas redes P2P. Pero consideremos que una de las principales bondades del modelo P2P es la alta disponibilidad de contenidos. Si un peer falla, es muy probable que otro le sustituya. Además, la carga de tráfico en la red se distribuye entre los usuarios, en vez de concentrarla en ciertos áreas específicas. Esto puede ser un problema con los one-click hosting, salvo que exista una cuenta premium de por medio.

Estoy convencido de que P2P y descarga directa son modelos necesarios por igual. O mejor dicho, indispensables y complementarios. Las prestaciones de Internet no serían las que hoy le conocemos si no fuese por la distribución de contenidos --tampoco imagino el éxito del iPod sin la libre distribución de MP3--. Al final del día, estimados lectores, considerando ventajas y desventajas, razones prácticas e ideológicas, ¿qué prefieren? ¿P2P o descarga directa?