La editora Judith Griggs se ha tragado sus palabras -- ¡y de qué forma! Hace unos días, Victoria nos contaba la historia del plagio de Cooks Source a la blogger Monica Gaudio. La reacción de los internautas ha sido tan violenta que Griggs ha salido a anunciar que el escándalo y el hostigamiento a los patrocinadores están a punto de matar a la revista.

La historia va así: Monica se percató que una revista de cocina había tomado un artículo suyo, modificándolo y publicándolo sin su permiso. Al darse cuenta del robo de contenido, Monica escribió a la editora Judith Giggs para pedirle una disculpa y una donación para la Facultad de Periodismo de Columbia como remuneración. En respuesta, Griggs envió un correo sarcástico diciéndole a la blogger que Cooks Source debía ser compensado por reescribir un artículo de baja calidad.

El caso evidenció que Cooks Source tenía tiempo robándose el contenido de otros sitios web indiscriminadamente. Al hacerse público el asunto, se desencadenaron reacciones furiosas a lo largo de toda la red. Lo que inició como un meme en Twitter, se radicalizó con el paso de los días. Los anunciantes de la revista comenzaron a ser acosados por los usuarios, e incluso surgieron campañas de Googlebombing contra Judith Giggs. Al final, los auspiciantes huyeron en desbandada, dejando a la revista al punto de la quiebra.

¿Es el (eventual) cierre de Cooks Source un triunfo para Internet? Depende de la perspectiva. Sarah Lacy de TechCrunch ofrece una visión muy interesante al respecto:

Si dejamos que las turbas anónimas tengan este poder, el mundo -- el real, de carne y hueso, no el virtual de tweets, entradas de blog y comentarios -- se hará peor, no mejor. Las turbas son parte de la realidad en Internet, así que este mensaje no está pensado para exhortar a la gente a pensar antes de bombardear a otro, o a que imaginen cómo se sentirían al recibir correos de odio o amenazas de muerte. (...) Pero, ¿adivinen qué? Las turbas no causan que la gente pierda sus trabajos o que los negocios quiebren. La mayoría de las personas son lo suficientemente listas para percatarse que las turbas anónimas están compuestas mayormente de **cobardes, aborrecedores y gente miserable que vive sus vidas buscando subirse al carro.

¿Hasta dónde debe llegar el poder de un colectivo? Estoy completamente de acuerdo que el plagio es una actividad repudiable -- y sobre todo, con la respuesta de burla de Griggs. Pero como apunta Lacy en su texto, resulta inquietante saber que esta fuerza social normalmente se mueve por inercia, actuando de forma irreflexiva y visceral. ¿Deben todos los castigos ser ejemplares? ¿Es correcto promover una cacería de brujas, una sed de sangre implacable? Cooks Source está a punto de cerrar... ¿es un motivo para festejar o para preocuparnos?

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