Nunca se es demasiado precavido para proteger información sensible. Suena paradójico que WikiLeaks, el nuevo soplón de los documentos non-gratos de los servicios de Inteligencia (de varias partes del mundo, México incluído), tenga que extremar sus medidas de seguridad para custodiar sus filtraciones. Por esta razón, Julian Assange ha decidido mudar una parte de sus servidores a un búnker nuclear de la Guerra Fría en Estocolmo.

La nueva fortaleza de WikiLeaks será el complejo Pionen, ubicado a 30 metros bajo tierra. El encargado de alojar los datos en la compañía local Banhof, que tiene sus instalaciones en el viejo búnker. La instalación tiene una entrada única, protegida con unas puerta de acero de medio metro de ancho. Eso sí, por más seguro que parezca este sitio, en WikiLeaks no ponen todos los huevos en la misma canasta: sólo una parte de la información se guardará aquí, mientras que el resto está desperdigada en otros puntos seguros alrededor del mundo.

No son exageradas las medidas de seguridad. A raíz de la presión judicial que recibe Julian Assange, las posibilidades de una intervención por parte de algún gobierno insatisfecho se incrementan. WikiLeaks ha hecho bien en protegerse de todas las maneras posibles. Recordemos que en la parte legar está muy bien cubierto gracias al Partido Pirata Sueco, ya que cualquier ataque a la web constituiría también un atentado contra la entidad política.

Día tras día, WikiLeaks se consolida como un nuevo agente importante en transparencia de la información, un actor incómodo que está replanteando las reglas del juego. Los documentos no paran de salir a la luz, y con el apoyo de la gente --- tanto moral como financiero --- no parece que el alud se detenga pronto. ¿Alguien más duda que WikiLeaks llegó para quedarse?