Parece que está de moda el cambio de CEO en las grandes compañías telefónicas. Primero estuvo Nokia, que cansado de no competir en el mercado de los smartphones, consideró cargarse a Olli-Pekka Kallasvuo. Hace unos días fue Mark Hurd, el CEO de Hewlett-Packard, el que tuvo que renunciar a su puesto por una investigación por acoso sexual. Parece que la tormenta ahora se cierne sobre Michael Dell.

Dell está siendo cuestionado por una buena parte de los inversionistas, quienes no están contentos con el liderazgo de Michael. Las cifras indican que, de mil 500 millones de accionistas, 378 millones se oponen a la continuidad del actual CEO en la junta directiva. Es decir, poco más de la cuarta parte de los inversionistas no están conformes con la manera en que se maneja la companía.

La votación se realizó después de que en julio Dell fuera sometida a investigación por un fraude contable con Intel. La SEC (Securities and Exchange Commision, por sus siglas en inglés) sancionó a la empresa a pagar una multa de $100 millones de euros, y Michael Dell tuvo que pagar personalmente otra de cuatro millones. Aunque al final ni Intel ni Dell admitieron culpa alguna, la imagen de la compañía sí quedó bastante manchada.

¿Se atreverán los inversionistas a sacar a Michael Dell de la empresa que él fundó? (digo, no sería la primera vez que pasa). David Fink, el vocero de Dell, indica que la junta de directores ha reafirmado su confianza en el liderazgo de Michael y la mayoría de accionistas estuvieron de acuerdo. Por su parte, Joseph A. Grundfest, profesor de leyes de Stanford, encuentra extraño que un porcentaje tan alto de inversionistas muestre tal inconformidad con "un ejecutivo que es tan central en el pasado, presente y futuro de la compañía". Yo no sé, pero por lo menos en ámbitos como el fútbol y la política, el espaldarazo casi siempre antecede a un cambio de aires.