El pueblo de Riverhead, en Long Island, se ha valido de Google Earth para cazar evasores de impuestos. ¿Cómo? Fácil: a través de las imágenes satelitales, el gobierno se ha puesto a buscar albercas en las casas. De este modo, se cotejan los datos con las personas que han declarado tener una piscina en casa, y se detecta a aquellos que intentan burlar al fisco.

No es la primera vez que se realiza esta tarea de vigilancia. A raíz de la crisis, el gobierno griego adoptó la medida para detectar evasores. Los helénicos se toparon con que, en lugar de las 324 albercas declaradas por sus honrados ciudadanos, ¡en realidad habían 16,974! Por su parte, los números del poblado de Riverhead son más modestos: han recolectado más de $75,000 dólares en multas a dueños que nunca llenaron los trámites requeridos. Gracias a Google Earth, se pudieron detectar cerca de 250 albercas "ilegales".

Parece una mera cuestión anecdótica, pero el uso de Google Earth para espiar a los ciudadanos (aún si se trata de una forma de detectar alguna actividad ilegal) debe abrir el debate sobre la privacidad. Google Earth puede ser un gran aliado para el gobierno, un gran panóptico que permite dar un vistazo a una ciudad completa. No estoy en contra de que se utilice una tecnología de este tipo para la prevención o el combate al delito. Sin embargo, me pongo a pensar un poco en otras situaciones en las que se podrían usar (¿cacería de migrantes?) y me dan escalofríos.

El único que puede decir algo, por el momento, es Google. No obstante, han preferido hacer mutis (si no está roto, ¿para qué arreglarlo?). No me malentiendan: lo mismo se puede aprovechar esta tecnología para enviar mensajes a través de pinturas en los techos. Aún así, habrá que acostumbrarse a vivir en un mundo con una cámara de seguridad gigantesca sobre nuestras cabezas. Lo bueno es que yo no tengo alberca.