Para un buen fanático del jazz no hay como escuchar a los grandes maestros del género, muchos de los cuales vivieron su momento de gloria durante los 30' y 40'. Imaginen, entonces, si puediéramos conocer grabaciones inéditas de esos años de Louis Armstrong, Benny Goodman, Billie Holliday, Coleman Hawkins y Lester Young, entre otros. Eso es lo que iba a ocurrir una vez que el Museo Nacional de Jazz, ubicado en Harlem, New York, adquirió la Colección Savory. Prácticamente mil grabaciones de la época estaban perdida iban a ser digitalizadas. Es más, eso es exactamente lo que está haciendo el Museo en este momento. Entonces, ¿cuál es el problema? Los derechos de autor.

El Museo pagó por las grabaciones pero no puede distribuir la música hasta que encuentre una manera de compensar (económicamente, claro está) a los artistas. De no encontrarse una solución, todo lo que podría darse a conocer de las grabaciones son fragmentos que dejarán a todos con ganas de escuchar más. Me dirán que no debería existir tal problema, pues el museo tendría que pagarle a los artistas y listo, pero no es tan sencillo en este caso.

La gran mayoría de las obras son "huérfanas", es decir que se les sigue aplicando el copyright pero los artistas y creadores no pueden ser ubicados. Todos los involucrados han fallecido (algunas grabaciones son de hace 80 años) y es imposible encontrar a alguien que se haga responsable por las creaciones. Muchos no tuvieron hijos, otros sí pero no son ubicados, ninguna compañía discográfica que pueda clamar por los registros de la grabación. Entonces, ante este vacío, la Ley prohíbe que las canciones sean reproducidas.

Hace un par de años se debatió en el Congreso de Estados Unidos un proyecto que permitiría que, en casos en los que un artista no puede ser ubicado tras cierta cantidad de intentos comprobables, el interesado podía hacerse con los derechos de publicación y reproducción en ese caso concreto. ¿Quiénes objetaron la aprobación del proyecto, al punto de que este haya quedado en la nada? Los artistas, por miedo a que sus derechos fuesen pisados por las corporaciones. Los mismos artistas que se quejan de que la piratería los está dejando sin trabajo, seguramente.

Mientras tanto, con el actual derecho de autor, miles de grabaciones quedan relegadas al olvido porque los músicos de jazz no tuvieron la "previsión" de designar herederos fácilmente ubicables que pudieran ser compensados por la divulgación del material. Al momento, la única esperanza del Museo es que un pago a la Federación Americana de Músicos permita desbloquear la situación, pero si me preguntan a mí, no es la solución.

Una solución debería ser un cambio profundo en el copyright que contemple casos como el mencionado además de todas las nuevas tecnologías de las que nos pasamos la vida hablando, a ver si de una vez por todas somos beneficiados todos, tanto los artistas como los fanáticos de la música, no importa que sea un solo de saxo de Coleman Hawkins o el estribillo de una canción de Lady Gaga. Por ahora, seguirán ganando únicamente las discográficas.

Vía: The New York Times

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