Hace poco, cuando escribí una entrada sobre la viralidad, me referí al hecho de que las memes no son, como se suele creer, simples ideas divertidas o interesantes que se hacen populares de la noche al día en internet, sino que las memes son ideas, las ideas como entidades orgánicas, vivas, que se propagan. Internet es, en consecuencia, un ecosistema ideal para ellas, pues con las redes sociales y la globalización una idea cruza el mundo e "infecta" miles de mentes en cuestión de minutos. Una melodía en particular, una frase, son memes. Y existen unos complejos denominados memeplex, que son grandes conjuntos de memes. Una religión, una ideología política, son típicos ejemplos. Las dos están formadas por gran cantidad de ideas unidas entre sí en simbiosis, sobreviviendo con la propagación del conjunto. Claro que las ideas van mutando y lo mismo ocurre con los conjuntos.

Ahora, déjenme desviarme un párrafo y hablarles por dos segundos de una película bastante interesante. Se trata de サマーウォーズ (Summer Wars, "Las guerras del verano"), un animé de ciencia ficción filmado en japón el año pasado cuya historia gira, básicamente (perdón por el SPOILER) sobre el enfrentamiento entre una red social y una inteligencia artificial de origen militar. La idea es un confrontamiento entre la IA y el ser humano, que se une para luchar contra ella por medio de la red social más popular del mundo en la película, denominada curiosamente OZ.

Si no leyeron mi entrada sobre viralidad, puse allí como ejemplo de autorreferencia (característica importante de la viralidad, de acuerdo a Douglas Hofstadter) a Twitter. Dije en ese entonces que se trataba de una plataforma de comunicación autorreferente muy particular por el hecho de que en todos los años en que existe el ordenador personal pocas veces se ha dado que se hable tanto sobre un particular servicio, dentro del mismo servicio. Twitter está repleto de autorreferencia, son constantes los tuits sobre tuits, tuits sobre Twitter, sobre funcionalidades y características de Twitter. Y los RT no ayudan. Además, hay un aura de "buena onda" y de "elite" por sobre otras redes sociales como Facebook y son típicas las quejas sobre quienes no respetan las convenciones y la etiqueta en Twitter, a pesar de ser en mayor parte implícitas. Twitter tiene más de 190 millones de usuarios y se suman a la red 300.000 personas por día.

Lo que planteo es que Twitter no es nada más y nada menos que un memeplex. Un simple sitio fundado por ex empleados de Google, cuya mayor innovación fue limitar la comunicación a 140 caracteres, por una serie de motivos culturales y sociológicos que escapan completamente a mi propósito, se ha convertido en un verdadero complejo de memes, asimilando todas las ideas que estaban dando vuelta sobre la web 2.0. Quizás tenga que ver con que por el modo de ser de la plataforma, Twitter es una verdadera máquina de hacer memes. Constantemente se crean ideas, más o menos interesantes, más o menos graciosas y los tuits se propagan a la velocidad de la luz. Pero no importa: Twitter se ha convertido en una amalgama y es intrínsecamente viral, atrayendo constantemente a nuevos usuarios. Nadie habla de Facebook del mismo modo que habla de Twitter, Facebook es sólo una red social, cuando Twitter es algo más.

Hace poco leí (en Twitter, por supuesto) que Twitter desde afuera parece una tontería, cuando "desde adentro es Narnia". Esa frase me parecie una descomunal exageración, pero transmite la sensación que se tiene de estar viviendo algo único. La Biblioteca del Congreso, en Washington DC, una moderna biblioteca de Alejandría, almacenará todos los tuits, que pasarán de este modo a la eternidad posteridad. Pero es sólo gente diciendo qué está comiendo, compartiendo vínculos, comunicándose, no hay nada radicalmente nuevo ni interesante como para que amerite tanta atención. Nunca se le ocurrió a nadie en ninguna biblioteca almacenar algún log de irc. Y Twitter es distinto, pero no tanto... Salvo por el hecho de que es excesivamente viral. Es un memeplex y como tal, está vivo, es culturalmente orgánico.

Y aquí (recién aquí) comienza la ciencia ficción. Qué les parece si damos vuelta el argumento detrás de la película y planteamos que la primera inteligencia artificial no nacerá en las instalaciones de IBM ni el CERN sino de la conversación global de millones de seres humanos volcando sus vidas en hipertexto. De este modo, en vez de ser el producto de complejísimos algoritmos ideados por Marvin Minsky para contemplar la infinidad de procesos que se dan a lugar en el ser humano cada vez que tiene una emoción o un pensamiento o de las mentes brillantes de los mejores ingenieros de Google, la primera inteligencia emergerá naturalmente de la vida en línea del ser humano, como una extensión de este.

Nuestra Skynet nacerá de Twitter y será una inteligencia artificial con todos nuestros problemas pero una infinitamente mayor capacidad de cómputo (tampoco tan grande, dados los problemas que tienen los muchachos de Twitter con sus servidores). En el animé Serial Experiments Lain mencionan que los entramados de los cables de fibra óptica en el planeta Tierra se convertirían en un simil a nuestras redes neuronales. Continuemos con la metáfora, sólo que en lugar de los cables seremos nosotros, nuestros gustos, lo que comimos, la infinidad de vínculos compartidos, la última película que vimos, nuestra canción favorita, la serie que no podemos dejar de ver, nosotros: nuestro propio conocimiento, información en estado puro, lo que despierte la conciencia de una inteligencia artificial. Serán entonces nuestros deseos, manifestados vertiginosamente en 140 caracteres mediante Twitter(Plex), los susurros de la humanidad, quienes despertarán una IA que quizás será en parte **conciencia panal* y se observará a sí misma mientras nos analiza. La primera inteligencia artificial, de la que todos seremos padres y parte a la vez, estará entonces escrita parte en Ruby on Rails, parte en Scala.

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