El mercado de los e-books está que arde. Con Amazon y Apple compitiendo ceja a ceja por el dominio de los libros electrónicos, Google ha optado por mover sus fichas también y ha firmado un acuerdo con la Asociación Americana de Vendedores de Libros. ¿De qué sirve? Bueno, esta asociación agrupa a cerca de 1,400 tiendas pequeñas, lo que lo convertirá en el principal distribuidor de títulos independientes en formato digital.

Si la llegada del Kindle parecía significar un final sombrío para las librerías menores, Google apuesta por lo contrario. Los chicos de Google han hecho bien sus labores: comprenden que Amazon va por la distribución masiva y que Apple quiere posicionar al iPad como un lector de revistas y para uso escolar. En lugar de ser una amenaza para las casas editoriales chicas, Google Editions busca consolidarse como el principal distribuidor de libros que son difíciles de conseguir.

Además, los libros de la tienda virtual Google Editions no vendrían en ningún formato en específico, por lo que serían completamente compatibles con cualquier lector de e-books. Parece que Google no quiere embarcarse en el desarrollo de un lector digital, sino que ha entendido que el nicho que está vacío es la distribución de independientes.

¿A quién beneficia? Pensemos, por ejemplo, en un libro académico, especializado, de tiraje bajo. En lugar de buscarlo por cientos de librerías o de esperar varios días a que Amazon lo consiga, podríamos hallarlo en Google de manera más fácil. Lo mismo sucedería con algunas reimpresiones de libros descontinuados.

El mercado de los e-books sigue moviéndose, con el desarrollo desmedido de aparatos de lectura digital, muchos de ellos condenados a ser flor de un día. Google entiende que ése no es el camino, así que, en lugar de ofrecernos un aparatejo más en los anaqueles, va por comerse el mercado de la distribución. La ventaja es que este modelo ayudaría a reducir el número de libros impresos en tiraje pequeño, lo que podría resultar en una navaja de doble filo. Por un lado, significa un ahorro sustancial en papel; pero por otra parte, podría implicar una pérdida para el autor, ya que (aún) no vale tanto un libro electrónico como uno impreso.