Y el Pulpo Paul habló. Su nuevo candidato, para beneplácito de muchos lectores, es España. El simpático cefalópodo se ha convertido en el fenómeno pop del Mundial. Yo me he preguntado si lo del pulpo es pura suerte, [no en la parafernalia mágico-cómico-musical que han manejado los medios](](http://alt1040.com/2010/07/9-de-julio-de-2010-el-dia-que-la-television-espanola-dio-el-salto-definitivo-hacia-la-mierdavision), sino desde una perspectiva estadística. Tengo la buenaventura de compartir casa con un actuario, así que la tarde de ayer lo asedié con preguntas sobre cómo le hizo un desgraciado molusco para atinarle (hasta ahora) a todas las quinielas y porras.

Partamos del supuesto de que el pulpo goza de aleatoreidad máxima; es decir, que no hay ninguna manipulación por parte de los dueños del acuario. Su verdadero mérito radicó en atinarle a los tres primeros partidos de Alemania. Verán, la probabilidad de que eligiera correctamente una victoria era aproximadamente de 40% en cada uno de los casos (considerando que la posibilidad de un empate es de 20%). La chance de que concatenara los tres resultados correctos era de 6.4%.

A partir de la siguiente ronda, la predicción se tornaba ligeramente más fácil para nuestro cefalópodo, puesto que la posibilidad era 50/50 (no hay empates en esta fase). El pulpo dijo Alemania, y los teutones de la llevaron ante Inglaterra y ante Argentina. En esta ocasión, la chance de Paul de predecir cuatro juegos correctos seguidos era de 3.7%; y de juntar cinco, del 1.6%. ¿Ya es demasiada suerte, no? Bueno, pues en la siguiente el pulpo se la jugó con España, y otra vez, acertó, rompiendo una probabilidad de 0.8% para juntar seis partidos invicto. Acá ya hay algo raro.

La posibilidad de que Paul atine al séptimo juego (el de la final) es de un 0.4%. Y un octavo (el Alemania - Uruguay), sólo de 0.2%. Como me comentó mi amigo actuario, acá sólo hay una explicación: algo sesga las probabilidades a favor del pulpo. ¿Son los poderes sobrenaturales del pulpo, acaso? No, una hipótesis fuerte es que la elección del pulpo afecta el resultado debido al furor que causa. Por esta razón, cuando Paul habla, las casas de apuesta modifican sus números.

La explicación apela al modelo estadístico. Cuando la probabilidad es tan baja (en este caso menor del 1%), forzosamente se entiende que hay otros factores que afectan; o de lo contrario, estaríamos ante un caso que se da una de cada 250 veces (ó 500, si le atina también al de tercer lugar). Acá hay una explicación muy lógica: cuando Paul predijo la semifinal, los alemanes estaban confiados en que su pulpo les daría la victoria. La prensa española, por el contrario, esperaba que los diera por derrotados. Al darse lo contario, ocurre un efecto anímico. Alemania recibe un golpe moral, España se crece, los diarios hablan, la noticia corre como reguero, la tuitósfera ebulle, las casas de apuesta ajustan, y al final, el entorno cambia. Conclusión: lo que diga Paul resulta cierto porque él influye a favor de que se cumpla.

¿Eso significa que España será campeona? Bueno, en esta ocasión el pulpo no tendrá tanto protagonismo. Por una parte, los dueños del bar se han curado en salud diciendo que Paul es especialista en Alemania, lo que le da un margen de error en la final, decreciendo las expectativas. Por la otra parte, las especulaciones están del lado español, contrario a la aparente indiferencia holandesa. Que el pulpo dé ganadora a la Furia Roja, no afecta demasiado el guión. Curioso hubiera sido ver que se decantara por Holanda, porque el efecto anímico (para ambas partes) habría puesto más interesantes las cosas. Ésta es la verdad detrás de las predicciones: un fenómeno que poco tiene que ver con la magia, y mucho con la estadística social.

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