Desde tiempo inmemorial, los geeks, nerds, frikis y demás pobladores de los inframundos de la cultura se han dedicado a enfrentarse en cruentas batallas para establecer la superioridad de sus elecciones personales: vi contra emacs, UNIX contra OpenVMS, Apple contra Microsoft, El Señor de los Anillos contra Advanced Dungeons & Dragons... Tan arraigada está la tradición que tenemos un nombre para ella: flame wars. Sin embargo, las flame wars no tienen ningún sentido y hacen más mal que bien.

Aclaro: nada de malo hay en la discusión de la superioridad técnica entre dos elementos similares, sean películas, videojuegos o sistemas operativos. Muy al contrario, a través de ese tipo de discusiones se obtiene información que de otro modo tal vez no se buscaría, o a la que no se tiene acceso. Se descubren los puntos de vista de otras personas y en general son más enriquecedoras que perjudiciales. El problema es cuando la discusión no se centra en algo técnico sino en una preferencia personal. Ahí es cuando corre la sangre.

Les voy a poner un ejemplo. En el mercado de los navegadores es relativamente sencillo comprender cuales son técnicamente superiores. Aquellos que siguen más correctamente un estándar establecido, y lo hacen con mayor celeridad y más eficiencia son, innegablemente, técnicamente superiores a los que no cumplen los estándares y son lentos o consumen mucha memoria. Por ejemplo, podríamos decir que Safari y Chrome son, en ese aspecto, razonablemente equivalentes, es decir, no hay un motivo estrictamente técnico que nos haga decidirnos por uno u otro. Sin embargo, Chrome es —en parte— de código abierto, y tiene una serie de diferencias de diseño que hacen que haya más gente que lo utilice. ¿Significa esto que es objetivamente mejor? No. Significa que las elecciones de diseño que realizó Google sobre su navegador han resultado ser más populares. ¿Significa eso que los fieles de la Iglesia de Chrome deben hacer que los paganos Adoradores de Safari vean el error de su camino y vuelvan al redil aunque sea por la fuerza? Por supuesto que no.

Lo que ocurre es que hay cosas que son inevitablemente subjetivas. Yo soy usuario de Mac y Ubuntu, y procuro evitar en la medida de lo posible utilizar equipos con Windows. ¿Es porque es peor? No. Es porque es peor para mí. Mi forma de trabajar, mi forma de utilizar el ordenador casa mejor con los principios de diseño de los sistemas operativos que utilizo que con los de Windows. Los usuarios de Windows no deben sentirse ofendidos por mi elección, porque no les afecta en nada; igualmente, yo no tengo por qué menospreciar o insultar a un usuario por haber elegido un sistema operativo de otra compañía. No tiene ningún sentido hacerlo, porque esto no son religiones, ni equipos de fútbol: son herramientas de trabajo y entretenimiento, y nada más.

Es evidente que el ser humano tiene un impulso por demostrarle al mundo que su elección es la mejor, y que todas las demás son erróneas. Si no, no tendríamos guerras, ni xenofobia, ni islamofobia, ni homofobia, ni otras cosas que terminan en fobia. Sí podríamos tener aracnofobia, pero eso no viene al caso. Pero realmente, ¿tenemos que gastar esas energías en decirle a un usuario de iPhone que su plataforma es cerrada? ¿No es posible que esa persona la haya elegido a sabiendas de que lo es, prefiriendo que lo sea? ¿En serio tenemos que decirle a un usuario de Windows que necesita antivirus y antispyware si no quiere que se le vaya al cuerno el ordenador? ¿No se nos ha ocurrido que a lo mejor ya lo sabe?

Las flame wars no sirven para nada más que para calentar al personal, causar enfados, insultos y malas respuestas. Respetemos un poco más las elecciones ajenas, y, si creemos que son equivocadas, parémonos un momento a pensar: ¿realmente son equivocadas o simplemente son distintas?

Imagen: SDTimes