Tras décadas de investigación, los científicos del Ejército de Estados Unidos han desarrollado una vacuna experimental contra el ébola. La inyección utiliza el ARN interferente, una técnica novedosa que evita que las células infectadas con el virus se repliquen. El experimento consistió en infectar a cuatro monos con una dosis de ébola que era 30.000 veces más potente que la cepa más letal del virus (¿dónde he oído eso antes?). Después de una semana de inyecciones diarias, los cuatro especimenes infectados fueron completamente curados.

El problema, sin embargo, es que la aplicación en la población civil es prácticamente inviable. Por ahora, la vacuna sólo es efectiva si es administrada dentro de los 30 minutos posteriores a la infección. Por esta razón, los científicos prefieren aprovechar esta inyección para proteger a los investigadores que trabajan con agentes patógenos de este tipo. Tan sólo el año pasado, un científico alemán tuvo que ser puesto en aislamiento por ocho días tras picarse con una aguja infectada con ébola. Accidentes similares se han presentado en centros de investigación de Estados Unidos y Rusia.

Amén de este pequeño triunfo contra el ébola, la buena noticia es que la técnica del ARN interferente podría tener mayores aplicaciones para tratar otros agentes virales, un avance importantísimo en la salud pública. "Necesitamos mejorar el apoyo ante posibles brotes e ir más allá del control de transmisión", señala Heinz Fedelmann, virólogo del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. Aunque esta vacuna experimental es un paso adelante contra una enfermedad que cobra , aún se esperan más pruebas en animales antes de moverse hacia humanos.